Telatiroplena.com, periodismo serio, social y humano

Por: Álvaro Del Castillo Cabrales.

Desde hace varios días, se ha suscitado una controversia relacionada con los costos y la ruptura al patrimonio arquitectónico en la construcción de las casas tradicionales de las islas de San Andrés y Providencia, las cuales se edificaron con el fin de darle solución a la perdida de vivienda que sufrieron sus habitantes, debido la devastación del huracán Iota. A las criticas anteriores se suman otras pertinentes a la aplicación de las buenas prácticas de manufacturas.

El medio digital INFOBAE, precisa que las mencionadas casas erigidas con tejas de zinc, estructuras de acero, presentan problemas de calidad, en las barandas, ventanas y en el saneamiento básico de las casas, por ausencia de pozos sépticos o porque los instalados no cumplen con las especificaciones técnicas necesarias, que a su vez pueden generar impactos al medio ambiente, a la salud pública y al fisco de la nación.

Es lamentable que, en este proceso de compensación a los damnificados, se les haya fracturado la tradición de los elementos culturales de su habitad, el ecosistema de su vida familiar vinculado con los patrones ancestrales, que se desarrollaron en las islas caribeñas a fines del siglo XIX y cuyo diseño fue un hibrido producto de la fusión entre estructuras traídas de Europa, con la innovación de los raizales, procurando adecuarlas al clima de la zona y aplicando distintivos propios de su tradición con vibrantes patrones y colores extravagantes o intensos.

El estilo de estas casas tradicionales fue nominadas al premio World Monuments Watch en el 2010, las cuales se encuentran amenazadas en su estilo clásico. Ellas se caracterizan por su estructura en madera, con puertas y techos altos, torretas empinadas, por lo general, con el propósito de redirigir el aire caliente en su interior, que a su vez le permite el flujo de la brisa cruzada a través de las persianas, instaladas en todas las paredes, en lugar de vidrio, para de esta forma mitigar el impacto de los días más abrasadores.

La madera que usan es flexible, con la capacidad innata de capear algunas de las tormentas y los temblores más duros, construidos con terrazas envolventes que, según los expertos en conservación, es una arquitectura que puede ser modelo para soportar la actividad sísmica de manera resistente.

En conclusión, no se justifica entregar casas a los raizales, construidas en concreto, porque constituye una disrupción a sus costumbres. Por otra parte, si bien podemos vincular a profesionales especializados en este campo, pero si desconocen la tradición de estas comunidades y desestiman sus puntos de vista, el resultado final será controvertible.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor. Arquitecto Álvaro Del Castillo Cabrales.