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Por: Jairo Eduardo Soto Molina

 “La democracia no reduce al ser humano a ser únicamente un ciudadano, lo reconoce como un individuo libre, pero perteneciente también a las colectividades económicas y culturales” Alain Touraine

Señalaba yo en un pasado escrito que nunca, después del gaitanismo, había sido tan evidente en Colombia la emergencia de un sujeto colectivo que hubiera marcado la vida nacional como lo hicieron las llamadas ciudadanías libres durante los últimos 3 años. Han protagonizado un proceso acumulativo de movilizaciones, primero reivindicativas y luego electorales, que abarcaron casi toda la geografía nacional, y se han mostrado dispuestas a mantenerse a lo largo del tiempo. No es extraño por lo anterior, que la dirigencia tradicional, siempre tan “higiénica” y “sofisticada”, se muestre desorientada y haya estado prefiriendo regresar a las modalidades criollas del fascismo que practicó Álvaro Uribe y que muchos creíamos ya superadas. Se avecinan las elecciones en UniAtlántico y se dan hechos que lo ponen a uno a pensar que los docentes y estudiantes deben dar signos claros y categóricos de pertenecer a estas ciudadanías que se caracterizan por no ser siervos o borregos políticos de las casas de corrupción electoral.

Ciudadanías Libres es un concepto político surgido de un proceso de organización de nuevas expresiones ciudadanas que emergen en la actual crisis de representación política y el fracaso de la acción pública manifiesta en la violencia, la pobreza, la desigualdad, la depredación del ambiente y el cambio climático. En el retrato de la inmediata historia se registra que la clase politiquera con sus prácticas de corrupción están acabando con la institución, depredando el presupuesto. Hoy en la Universidad del Atlántico no hay condiciones mínimas para el ejercicio de la docencia, la investigación, la extensión y la proyección social. Existe una “dictadura docente” que quieren que el docente de planta siga siendo el sacrificado y los actos de corrupción contra el presupuesto de la institución pasa de agache por que la administración se hace de ojos ciegos y oídos sordos si se trata de aliados políticos.

Hoy el profesorado no cuenta con un servicio de salud digno por la forma como se ha venido manejando la Unidad de Salud de la Universidad del Atlántico. Se han retenido nuestros aportes por 15 años lo que está acabando progresivamente con el servicio de salud.

Por las consideraciones anteriores, los docentes de la institución deben expresarse diciendo: nosotras y nosotros nos sumamos a este gran esfuerzo de transformación nacional, manifestando su total respaldo a la propuesta de candidatos que sean ejemplo de académicos e investigadores, tanto para profesores como para estudiantes. Es precisamente en las universidades donde se construye el pensamiento y el ciudadano que requiere el nuevo modelo de nación. El imperativo categórico de hoy en Colombia es lograr un gran acuerdo por la reconstrucción moral de la nación. Lo urgente e importante es recuperar el sentido de la justicia en la construcción de la sociedad que consideramos deseable, respetuosa con el planeta, en donde todos y todas tengamos la oportunidad de vivir vidas dignas, alegres, productivas, amorosas, en resumen, vidas que valga la pena ser vividas.

No se puede apoyar a candidatos que representen el continuismo, por representantes que en el superior firmaron un acuerdo del superior donde se comprometen vigencias futuras por 10 años en la actual administración para este cuatrienio. Con prácticas calcadas del anterior gobierno. Todos los comprometidos con estas acciones merecen una sanción social si queremos transformar la institución.

Nuestra lucha en defensa de todas las formas de vida, enmarcada en los pilares de nuestro ideario político a) la defensa del planeta, b) pleno desarrollo de las capacidades humanas y c) la defensa a la democracia se encuentra totalmente reflejada y enriquecida en la propuesta de la Colombia Humana.

Tenemos que recuperar el sentido humano de la Universidad Pública, esto implica resituar los principios misionales en el contexto de una educación que aborde procesos de formación con pertinencia bioética y contextual a los grandes desafíos que demanda la actual era geológica con una educación para la paz y el desarrollo de la región y los territorios.

El eje central en las universidades debe apuntar a considerar las relaciones entre la universidad y la sociedad bajo diferentes dinámicas institucionales y curriculares; pretendiendo que quienes se acerquen a su contenido puedan vislumbrar las diferentes perspectivas de esa relación. No se trata de realizar una panorámica y una reconstrucción de los diferentes discursos sobre la relación universidad-sociedad, sino que también se formulen consideraciones sobre cuál de esas perspectivas interpreta de mejor manera la idea de una universidad capaz de interaccionar con el contexto global y consigo mismo. Solo de esta manera podremos entrar a la sociedad del conocimiento.

Citas al cierre:

“La educación no solo enriquece la cultura…Es la primera condición para la libertad, la democracia y el desarrollo sostenible” Kofi Annan

 “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos puedan cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado”. Margaret Mead

Tomémonos un tinto seamos amigos. Sigan siendo felices, Jairo les dice.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor. Jairo Eduardo Soto Molina, Profesor de tiempo completo titular, investigador 1279 (80), Doctor en ciencias Humanas, Par académico MiniCiencias-MEN