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Por: Esteban David Gallardo Murillo[i]

A quien este acostumbrado a pensar con las orejas tiene que enojarle profundamente la expresión <<Critica Académica>> no solo porque simiente sus opiniones en la profunda tradición o la ortodoxia metodológica, sino también porque sus practicas no han sido capaces de tomar vida o generar adeptos por causa de la anacronicidad o falta de practicidad de sus técnicas.

La Facultad de Ciencias Humanas y en especial su programa de Sociología quizá están sepultando su futuro con sus propias manos, ante la negativa peyorativa a la modernización no solo del pensum académico, además por ser partícipes de la obstrucción rancia a la apertura de importantes y modernos debates del orden método-paradigmático de verdad. Como programa quizá nos hemos estancado en el aspecto mas teórico de un campo inmenso con mucho que explotar, pero esto responde visto de muchos modos a las fronteras imaginativas de aquellos que lo componen, la imaginación sociológica fue sepultada en el mismo momento en que se puso cerco de hierro a lo que es y no es “de mi agrado” como si de ello dependiesen las bases epistemológicas y practicas al interior de este paradigma.

Recelosos por mantener el estatus quo del programa lo siguen condenando a una no acreditación, a no ser llamativos para un publico joven que no dimensiona por la falta de proyección social lo que es y lo que puede llegar a ser un sociólogo(a), hemos encerrado a la facultad en cuatro paredes, y lo anterior no es una critica mía, responde justamente al sentimiento de estudiantes y egresados que se sienten abandonados ante el limitado numero de oportunidades que se ofrecen como puentes para la superación de todo tipo de necesidades académicas, del orden formativo o investigativo.

Los resultados de una línea de investigación de muchos años sumado a los esfuerzos insistentes de estudiantes críticos y con disposición, sin mencionar las posibilidades y alcances de los procesos investigativos que no solo generarían experiencias académicas y arrojarían la producción escrita que tanto depredan (muchas veces como buitres), por su parte también se posibilitaría que el programa fuere parte de procesos de alivio del sufrimiento reales y no de cartón, que vinculen de forma verdadera al investigador como parte activa de los procesos comunitarios y le permita superar el rol pasivo de observador que han atornillado muchas veces en nuestras cabezas.

La acreditación social no es posible en la medida en que la academia siga limitada por una barrera invisible que en muchos casos no abarca sino una de las sedes de la institución, segar al sociólogo (a) en formación de su único laboratorio (la sociedad) es tan aberrante como quitar a un químico sus implementos, y quizá como arrancar el pan de las manos de un hambriento.

Es mucho lo que hay que decir, pero a su vez mucho lo que ya se ha dicho, seguimos insistiendo en una educación que nos enseñe a pensar con ojos críticos, a la vez que nos de las herramientas para transformar la realidad que nos rezaga. Simplemente “no basta con saber, además hay que aplicar. No basta con querer, también se debe actuar” (J.W. Goethe).   


[i] El objetivo de este escrito no tiene entre sus fines desmeritar o enlodar el buen nombre de mi institución, facultad o programa, busca por el contrario señalar las debilidades y críticas que todo el mundo piensa, pero nadie se atreve a decir. Vivimos con un cáncer y es la negativa al avance, lo que muchos sienten, pero todos callan.

Nota: El contenido de este artículo, es opinión y conceptos libres, espontáneos y de completa responsabilidad del Autor. Esteban David Gallardo Murillo