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Por: Jorge Guebely

Nada mejor que la hipocresía para triunfar en política, convertirse en exitoso modelo decadente. Basta predicar la bondad públicamente y practicar la podredumbre silenciosamente.

Por hipócritas, los políticos convirtieron la paz en asunto electoral, en escandalosos e insulsos dimes y diretes. No les importa la guerra, sólo palabrejas con funciones efectistas. No les importan los asesinatos populares, sólo discursos vacíos. Buscar el ahogado en la cabecera del río, donde no hay ahogado. Sólo tejen escandalosos discursos de paz para preparar campañas electorales.

Clase política insensible, siempre indolente con las tragedias de los colombianos: con las masacres de las bananeras, con el genocidio del caucho amazónico, con la violación de niñas menores de 10 años en Guaviare. Verdaderos desfalcos humanos administrando el país.

Etérea la paz de Petro, plena de buenos deseos humanitarios. Nada seriamente serio; por lo menos, públicamente. ¿Cómo reemplazar el súper-millonario negocio de los empoderados narcotraficantes? ¿Lo cambiarán por intrascendentes curules en el Congreso? ¿Por un partido político cuyos militantes serán gradualmente asesinados? ¿Por una justicia transicional que cualquier gobierno inteligente de derecha la desmontaría? ¿Por una visa de residencia norteamericana después de entregar parte de su fortuna criminal? ¿Por los discursos humanitarios Petro?

Hipócrita derecha que vocifera paz sólo para fustigar al gobierno, para construir pacientemente su fracaso. Sabe, más que nadie, que cualquier solución criolla está condenada al fiasco. Lo sabe por el origen internacional de la guerra, en el primer mundo. De allá surgen los cuantiosos dólares, allá viven felices los más grandes narco-beneficiados. Allá no practican la estupidez sino la hipocresía.

Vocifera la paz sólo para horadar al gobierno y esperar pacientemente su fracaso. Patriótico momento para triturarlo, convertirlo en sanguaza y ganar las siguientes elecciones.

Con espíritu carnívoro, la derecha se encarnizó contra Petro, explotó su nueva pifia, el inexistente acuerdo de cese bilateral al fuego con el ELN, para demolerlo con sevicia. No hubo una sola voz contra el grupo insurgente, no lo pusieron en la picota. Lo aplaudieron silenciosamente, lo usufructuaron políticamente.

Ningún destino honorable para un país cuya clase política practica la hipocresía tercermundista. Sapo que brinca y se inserta en los negocios del imperio. No busca el ahogado río abajo, no le conviene. No emite ninguna voz contra el mercado internacional de la droga, contra capos nacionales y señores internacionales, contra gobiernos del primer mundo.

Políticos, sumisos por conveniencia, marrulleros por ventajosos. Viven de la guerra vociferando la paz. Nuevamente la literatura tenía razón. Lo dijo Quevedo: “La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política”.

Nota: El contenido de este artículo, es opinión y conceptos libres, espontáneos y de completa responsabilidad del Autor.