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Por: Jaime Colpas Gutiérrez, historiador.
Hace 40 años fui testigo de la inauguración del museo en el acto que se celebró el 7 de abril de 1983, cuando acompañamos al amigo Armando Bonell al naciente museo, ya que el presidente del Concejo Municipal lo nombró como su subdirector. Ese día de las 8 y 30 de la mañana caminamos desde la vieja sede de Uniatlantico de 20 de julio hacia la casona de las Freund dónde llegamos sudados y emocionados.
Allí habían llegado dos bellas mujeres reclutadas del bajo mundo, también nombradas por el Cabildo municipal para ejercer las funciones de guías.
Don Alfredo tenía 57 años y por ese entonces era muy esbelto. Vestía de pantalón negro, camisa blanca manga corta y corbata bien ajustada.
Este pronunció unas cálidas palabras alusivas a las hermanas Carmen y Esther Freund por haber donado la casa y haber creado la Fundación Museo en 1976.
Después le dijo a Armando que el museo era una institución privada sin ánimo de lucro y lo despidió con una sonrisa pícara. Y le manifestó a las dos muchachas que él no tenía presupuesto para pagarles y que el nombramiento era, lo que hoy llaman un falso positivo.
El museo fue el laboratorio que utilicé como estudiante universitario y para desarrollar mi vocación por la historia de la ciudad. Allí iba asiduamente y por temporadas ví como el museo adquirió prestigio en la ciudad que se debatía en una crisis estructural, ya que después de ser la Puerta de Oro en los años treinta y cuarenta afrontaba problemas de caos urbano y servicios públicos.
En 1990 cuando estuve vinculado como funcionario del despacho del alcalde Gustavo Certain Duncan, quien me envió a ayudar a don Alfredo para la realización de la serenata a Barranquilla en la noche del seis de abril, la cuál contó con la participación de la “novia de Barranquilla” Estercita Forero, que deleitó a la gran asistencia con su canto, poesía y serenata hasta altas horas de la noche.
La alcaldía puso un banquete de Doña Nela y le entregó un aporte económico al museo que afrontaba problemas de sostenimiento. Esta institución con el paso de los años se fue marchitando.
En este templo de la historia lanzamos la segunda edición del “Calendario Imagen Temporal de Barranquilla” en coautoría del historiador Álvaro Tirado Arciniegas editado por Calendarios Espriellabe y Asociados en diciembre de 1994, evento que tuvo una significativa concurrencia.
Desde finales del siglo pasado empecé a llevar a mis alumnos de sociales y luego de historia de la universidad del Atlántico a realizar un trabajo de campo al museo al finalizar el semestre, y además participaba de los actos culturales que realizaba Alfredo como conferencias, recitales y películas.
También en su recinto se realizó el histórico acto de celebración del centenario del Atlántico, el 15 de junio del 2005; desarrollado por el gobernador sabanalarguero Carlos Rodado Noriega, quien lanzó mi libro de maestría de la universidad Nacional “la Formación del Departamento del Atlántico 1905-1914”, cuya memoria gráfica está en el texto “Soy río, soy mar, soy Atlántico” de la gobernación, 2007.
En diciembre del 2006 al museo le cortaron el agua, la luz y el servicio telefónico, y le debían cuatro meses al administrador Jimmy de la Espriella, al guía José Narváez y al barredor Jair.
Entonces publique el 20 de ese mes un artículo en diario La Libertad, titulado “Viacrucis del museo Romántico en navidad”, el cual se hizo viral y sirvió para que el alcalde Hoenisberg girara en el mes de enero la ayuda por 20.000.000 millones con los cuales se pagaron los servicios, gastos administrativos y pudiera seguir funcionando sin afugias.
Sin embargo, a comienzos de 2011 la crisis se agudizó por intentos del secretario de hacienda Fidel Castaño de secuestrar la mansión de las Freund por una deuda millonaria en el pago del impuesto predial. Cuando me enteré se me iluminó el bombillo al recordar que siendo funcionario de planeación municipal hice con el arquitecto Ricardo Millán el listado de inmuebles patrimonial en el barrio El Prado, Bellavista y Alto Prado (complementado con Porfirio Ospino), las cuales por ley están exoneradas del pago del predial.
Así que el 16 de febrero convoqué a la ciudadanía a tempranas horas en el noticiero de Jorge Cura Amar para concentrarnos en el museo Romántico y expresarle la solidaridad a don Alfredo y rechazar la posible intervención del museo por el distrito.
A las 9 a.m el templo de la historia barranquillera se atiborró por un gentío ciudadano en el cual se hicieron presente los periodistas Efrain Peñate, Pepe Sánchez, el concejal Carlos Rojano, Fernando Cortossoz, Marina Sanmiguel de Melo, Arnold Tejeda, Jairo Coley q.e.p.d.e., entre otros.
Allí entre el calor y los vítores el empresario Jaime Lustgarten propuso la idea de “reunir mil amigos” para ayudar al museo con una contribución económica para evitar el secuestro del inmueble. El tocayo hizo su aporte y al día siguiente llevé el mío. No sé cómo continuó la cadena de solidaridad, porque el fantasma de la crisis continuó ahondándose, (Véase: “Se buscan mil amigos para ayudar al museo”, La Libertad, 17 de febrero de 2011)
Lo demás es historia conocida por el deterioro de una institución cultural que nació sin presupuesto, la cual se sostenía por la ayuda de algunos gobernadores y alcaldes amigos que dieron fuertes sumas que muchas veces no se veían reflejadas, porque existía una junta directiva formada por señores de la élite que parecían estar elevados en el monte Olimpo.
En los tiempos de la pandemia Don Alfredo se encerró en su apartamento por su avanzada edad nonagenaria y su memoria se borró de la faz urbana, ante todo en la época del alcalde Char. Por lo que el museo llegó a su tiempo sepulcral como en el fin de la historia de “Cien Años de Soledad” del Nobel García Márquez.
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