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Por: Jairo Eduardo Soto Molina

Profesor Universitario e investigador, Doctor en ciencias Humanas

“¿De qué te sirve ganar un reino desgastado?” Yoyito Sabater

En la sabiduría atribuida a los indios Dakota, se dice que “cuando descubres que vas montado en un caballo muerto, la mejor estrategia es desmontar”. Esta metáfora, sencilla y contundente, encierra una enseñanza profunda sobre la necesidad de reconocer cuándo un proceso ha perdido su vitalidad y cuándo insistir en sostenerlo se convierte en un acto de autoengaño. Cabalgar un caballo muerto significa persistir en estructuras, métodos o instituciones que han dejado de cumplir su propósito, mientras la inercia y el miedo al cambio nos hacen creer que aún avanzamos.

Aplicada al contexto de la Universidad del Atlántico, esta metáfora adquiere una fuerza reveladora. La universidad, que nació como un proyecto emancipador del Caribe colombiano, parece hoy transitar un estado de agotamiento estructural y moral. En lugar de ser una comunidad vibrante de pensamiento, se ha convertido en un espacio donde la burocracia, el clientelismo y los intereses políticos han sustituido la búsqueda del conocimiento. Como en la imagen del caballo muerto, los actores institucionales continúan aferrados a las riendas de una estructura que ya no se mueve, repitiendo gestos administrativos que no generan transformación.

“Montar un caballo muerto” en el caso universitario es seguir defendiendo un modelo educativo y administrativo que ha perdido su capacidad de inspirar y de formar ciudadanos críticos. Las decisiones se reducen a mantener apariencias de gestión, sin que haya una visión clara de futuro. Cambian los jinetes, se sustituyen los directivos, se crean nuevos comités, se reescriben los estatutos, pero el caballo sigue sin vida: el sistema permanece atrapado en un ciclo de desgaste, formalidad y parálisis. La universidad, en lugar de galopar hacia la excelencia, parece avanzar hacia su propio olvido.

El deterioro de la Universidad del Atlántico no puede entenderse solo en términos administrativos; es un fenómeno moral, espiritual y cultural. Lo que se ha perdido no es únicamente la eficiencia de los procesos, sino el alma universitaria: la vocación de servir al conocimiento, al pensamiento libre y al desarrollo regional. El caballo muerto simboliza ese ideal universitario corrompido por la rutina, el miedo y la indiferencia. Cada semestre que pasa sin reformas de fondo, cada decisión mediada por intereses ajenos al saber, cada liderazgo que antepone la conveniencia personal al bien común, es un látigo más sobre un cuerpo ya sin vida.

Y, sin embargo, muchos siguen cabalgando. Se niegan a aceptar la muerte del modelo, porque hacerlo implicaría reconocer la urgencia de una refundación. En lugar de desmontar, intentan reanimar lo inerte: cambian el discurso, maquillan los síntomas, aplican medidas cosméticas que no tocan el núcleo del problema. Es como si la comunidad universitaria temiera la pausa necesaria para pensar un nuevo comienzo. Pero el acto de desmontar —de poner pie en tierra— no es rendición; es lucidez. Desmontar, en el sentido Dakota de la metáfora, significa detener la carrera inútil, reconocer el error y abrirse al cambio.

La Universidad del Atlántico, si desea recuperar su papel histórico como faro intelectual del Caribe colombiano, debe tener el valor de desmontar. Desmontar de la burocracia sin alma, del clientelismo disfrazado de gestión, de la mediocridad institucional que ahoga la creatividad y el mérito. Desmontar implica reconfigurar el sentido del liderazgo, entender que la academia no se sostiene sobre cuotas políticas, sino sobre principios éticos, rigor científico y compromiso humano. La verdadera renovación universitaria no se logrará con discursos ni con concursos de cargos, sino con una transformación cultural que devuelva la dignidad al aula, la investigación y la docencia.

La metáfora del caballo muerto, lejos de ser una condena, es una invitación a la esperanza. No se trata de declarar muerta a la Universidad del Atlántico, sino de reconocer que su modelo actual ha llegado a su fin. Aceptar la muerte de un paradigma es el primer paso para gestar otro. “Desmontar” es bajarse del cuerpo agotado de la vieja universidad para caminar, aunque sea lentamente, hacia una nueva visión. Una universidad renovada no se mide por edificios ni presupuestos, sino por su capacidad de encender pensamiento crítico, defender la autonomía y abrazar la diversidad intelectual.

La Universidad del Atlántico fue concebida como un caballo de libertad: una institución que debía galopar con el viento de las ideas y la pasión por el conocimiento. Pero con el paso del tiempo, ese caballo se volvió pesado, fatigado, domesticado por las cargas de la política y la negligencia. Hoy respira con dificultad entre informes, reglamentos y expedientes. Pero si su comunidad —docentes, estudiantes, trabajadores y egresados— se atreve a desmontar de la inercia y a mirar de frente la verdad, tal vez pueda volver a cabalgar. Porque la muerte del caballo no significa el fin del viaje, sino el inicio de una travesía distinta, más humana, más consciente, más libre.

Solo quien se atreve a desmontar puede volver a sentir la tierra bajo sus pies y escuchar el llamado del horizonte. Tal vez ese sea el verdadero desafío de la Universidad del Atlántico: dejar atrás el peso de un cuerpo institucional exhausto y reencontrar la energía moral que alguna vez la hizo grande. Este será el reto del nuevo rector, a mi parecer, a los cinco candidatos se les hará difícil desmontar, Sí tiene el valor de hacerlo, entonces el acto de desmontar no será una derrota, sino el comienzo de su resurrección intelectual.

Tomémonos un tinto seamos amigos, Sigan siendo felices Jairo les dice

Frases al cierre:

“Nada se pudre de repente: antes de morir, las instituciones huelen a costumbre.”
Yoyito Sabater

“El que confunde autoridad con sabiduría termina gobernando ruinas.”
Yoyito Sabater

“Educar no es llenar la mente, sino encender el alma hasta que arda por cuenta propia.”
Yoyito Sabater

“La verdad no grita: florece incluso en medio del ruido.”
Yoyito Sabater

“Aquí donde el sol enseña sin libros, aprendemos que la ética también suda.”
Yoyito Sabater

NOTA: Este escrito es de completa responsabilidad del autor, Jairo Soto Molina.