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Por: Jairo Eduardo Soto Molina, Doctor en Ciencias Humanas, Post Doctor en Alta Dirección y tecnología, Investigador social.

“Colombia no necesita más procesiones… necesita más justicia. La fe sin cambios reales es solo espectáculo. Y la salsa —como siempre— ya lo dijo primero”. Yoyito Sabater

Mapa que que representa el cristianismo católico.

En Colombia, cada Semana Santa se repite la misma escena:
iglesias llenas, procesiones multitudinarias, discursos sobre sacrificio, redención y fe.

Pero hay otra escena que no aparece en los sermones: el barrio.

El barrio donde la gente sigue sin empleo,
donde la violencia no se toma descanso litúrgico,
donde la desigualdad no se arrodilla ante el calendario religioso.

Y entonces la pregunta es inevitable: ¿De qué sirve tanta fe… si no transforma la realidad?

La religión como ritual… y el país como contradicción

Colombia es un país profundamente religioso. Pero también es profundamente desigual.

Se habla de Dios en cada esquina, pero no se garantiza la dignidad en cada hogar.
Se invoca el perdón, pero no se corrigen las estructuras que producen exclusión.
Se predica la paz, pero el conflicto se recicla en nuevas formas.

La Iglesia —como institución— ha sido parte de la historia, sí. Pero también ha sido parte del problema cuando ha preferido el silencio frente a la injusticia.

Porque una cosa es la fe…
y otra muy distinta es la institucionalización de la fe.

El Estado ausente y la fe como consuelo

El Estado colombiano llega tarde o no llega.
Y cuando no hay Estado, aparece la religión como consuelo.

Pero el consuelo no sustituye la justicia.

Mientras se rezan novenas,
se firman contratos desiguales.
Mientras se hacen procesiones,
se perpetúan las brechas sociales.
Mientras se habla de sacrificio,
los mismos de siempre siguen pagando el precio.

Ahí está la gran paradoja nacional:

Mucha fe… poca equidad.

La salsa dice lo que el poder calla

Y en medio de esa contradicción aparece la salsa.

No como entretenimiento.
Como denuncia.

No como evasión.
Como conciencia.

Porque la salsa —a diferencia de muchos discursos oficiales— no le teme a la verdad.

Rubén Blades y la Colombia de hoy: “Noé”

Cuando Rubén Blades canta:

“Noé, haz otra arca…”

Se trata de un mundo que vuelve a estar en crisis.

Blades nos está diciendo algo profundo:

el problema no es el diluvio…

el problema somos nosotros.

no está hablando del pasado. Está hablando de nosotros.

Porque Colombia parece vivir en un diluvio permanente de:

  • corrupción que no se detiene
  • desigualdad que se normaliza
  • instituciones que pierden credibilidad
  • discursos políticos que prometen… pero no transforman

Y lo más grave:

Todos hablan de salvar al país… pero pocos cambian las causas del desastre.

La canción lo dice sin rodeos:
el problema no es la tormenta… somos nosotros.

La Iglesia y el poder: una relación incómoda

Históricamente, en Colombia, la Iglesia ha estado cerca del poder. A veces demasiado cerca.

No siempre ha sido voz profética.
Muchas veces ha sido voz prudente.
Y en contextos de injusticia, la prudencia puede convertirse en complicidad.

Porque cuando el poder económico y político concentra riqueza,
y la religión no cuestiona…
algo falla.

No se trata de negar la fe.
Se trata de exigir coherencia.

El barrio: donde la fe sí tiene sentido

En contraste, el barrio vive la fe de otra manera.

No en el discurso, sino en la necesidad.
No en el ritual, sino en la supervivencia.

Ahí, Dios no es teoría. Es esperanza.

Y por eso la salsa conecta más que muchos sermones.

Porque habla desde la vida real.

Los salseros: teólogos sin púlpito

Artistas como:

  • Héctor Lavoe

¡Ay! Cómo lo escupieron

Cómo lo empujaron

Cómo lo llevaron

A crucificar

Así comienza la canción “El Todopoderoso” del legendario Héctor Lavoe.

“El Todopoderoso” salió al mercado en el álbum “La Voz”, de Lavoe (con arreglos de Colón), en 1975 y fue compuesta por los dos, The Bad Boys of Salsa, los chicos malos de la salsa.

El tema relata lo que en el catolicismo se denomina la Pasión de Cristo.

¡Ay! En el calvario fue puesto

Y allí fue crucificado

La sentencia fue de Herodes

Y firmada por Pilatos

“El coro, que insiste en que ‘El Todopoderoso es el Señor’, empieza a dar reflexiones sobre ese Cristo que tanto padeció”, señala Rondón (2019).

  • Ismael Rivera

Yo estaba en un vacilón

Fui a ver lo que sucedía

Cuando ya me divertía

Y empezaba a vacilar

No sé de dónde una voz vine a escuchar

Qué expresión tiene tu rostro

Se refleja la alegría

Y está rodeado de tanta hipocresía

Esa imagen de que Cristo habla en lo más hondo de la conciencia humana, independientemente del momento que esté viviendo, en este caso él está distraído, está extraviado, buscándole un sentido a la vida de distintas maneras, pero es la voz en el interior que lo llama. El Nazareno le remueve la vida.

  • Joe Arroyo

Claro, claro, muéstrame el camino, claro

Nos dio la luna, también el sol, pa darnos claro

Ay, mi Dios, bendito Papá

Qué bonito el camino que me has elegido, yo Te amo

Ay, mi Dios, bendito Papá

Esta alabanza es considerada un himno de devoción y humildad, a menudo interpretado para fortalecer la fe en momentos difíciles. También existen otras interpretaciones, como la del artista Joe Arroyo “A Mi Dios Todo Le Debo”, que expresan un sentimiento similar de gratitud

  • Richie Ray & Bobby Cruz

Soy tan feliz

Tengo las manos llenas

De tantas cosas buenas

Soy tan feliz

Puedo sentir

Corrientes de agua viva

Has cambiado mi vida

Soy tan feliz…

La canción “Soy tan feliz” expresa una experiencia de transformación espiritual profunda, donde el yo pasa de un estado de vacío, tristeza y falta de sentido a una plenitud marcada por la fe, el amor y la esperanza. La letra construye una narrativa de conversión: antes había dolor y amargura, pero el encuentro con ese “tú” —que puede interpretarse como Dios— produce una renovación interior que llena la vida de gozo auténtico. No se trata de una felicidad superficial, sino de una paz profunda que nace del cambio del corazón, donde cantar y sonreír dejan de ser actos fingidos para convertirse en expresión genuina de una vida transformada.

Los cantautores salseros no escribieron tratados…pero dijeron verdades.

Cantaron a Dios, sí.
Pero también cantaron:

  • el dolor
  • la injusticia
  • la contradicción humana

Porque la verdadera espiritualidad no evade la realidad: la enfrenta.

Juan Luis Guerra: cuando la fe se vuelve arte real

Incluso Juan Luis Guerra, con “Las Avispas”, logra algo que muchas instituciones no han conseguido: hacer que la fe tenga sentido en la vida cotidiana.

No como repetición.
Como experiencia.

Ahí está la diferencia clave:

 La fe institucional muchas veces se repite
 La fe popular se vive

La pregunta que incomoda a Colombia

Entonces volvamos a la pregunta inicial: ¿Dónde está Dios?

¿En los templos llenos… o en los barrios olvidados?
¿En los discursos… o en la realidad?
¿En la política… o en la gente?

Porque si la fe no transforma la vida,
se queda en espectáculo.

Y Colombia ya tiene demasiado espectáculo.

Colombia no necesita más procesiones.
Necesita más justicia.

No necesita más discursos de fe.
Necesita coherencia.

No necesita más promesas de salvación.
Necesita cambios reales.

Y mientras eso no ocurra,
la salsa seguirá haciendo lo que muchos no hacen:

decir la verdad.

Porque el Caribe no solo baila la fe: la cuestiona, la denuncia… y le exige cuentas al poder

Rondón, C. M. (2017). El libro de la salsa. Turner.