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Por: Jaime Colpas Gutiérrez, cronista e historiador, profesor pensionado de Uniatlántico

Por estos días he tenido en mis manos la novela editada en Madrid España por el periodista y escritor barranquillero Alfonso Ricaurte Miranda sobre la vida de Juanito, célebre parricida que estremeció a nuestra ciudad el 30 de noviembre de 1981 con el asesinato de sus dos progenitores en El Golf.
Conocí a Alfonso en el año de 1987 cuando estábamos recién egresados de la vida universitaria, él de la facultad de periodismo de la Autónoma de Caribe y yo de la licenciatura en Ciencias Sociales de Uniatlántico, en un día de mayo cuando Ricaurte Miranda era redactor de la sección judicial de Diario del Caribe, y acompañó al fotógrafo de ese periódico que llegaron al segundo piso de la biblioteca Departamental para tomar una foto del diario La Prensa del 28 de mayo de 1936 que daba cuenta del arribo a Barranquilla del primer barco a vapor que enteró por los espolones de la canalizadas Bocas de Cenizas: “El Taralalitte”, como documentación de mi primera crónica publicada por mi autoría en este histórico diario que era dirigido por el abogado e historiador Eduardo Posada Carbó.
Nos hicimos amigos cuando visitaba la sala de redacción de dicho periódico en el barrio Abajo, y Ricaurte muy locuaz y conversador como todo barranquillero de nuestra generación me decía: “Jimmy, sueño con escribir un libro sobre Juanito, cuyo tema de conversación fue recurrente durante la navidad por la muerte de dos indefensos ancianos de buena familia, supuestamente a manos de su hijo menor”.
Alfonso Ricaurte se radicó desde el 2.000 en la capital de España, junto con su familia y durante más de dos décadas ha continuado ejerciendo el periodismo como corresponsal internacional del Grupo Radial Delegado de Nueva York en los años del 2.000 y 2.009; y paralelo a ello se desempeñó como director y conductor de programas radiales en las emisoras: América FM, Caribe FM y la Súper Estación Latina hasta el 2012.
Nos alegra que el amigo quillero haya hecho realidad su sueño de juventud con esta ágil, esquisita y corta novela de 168 páginas, estructurada en XIII capítulos y con el prólogo “Juanito Literatura Periodística” del escritor y periodista Silgredo Eusse Marino, que equivocadamente situa al libro como un trabajo documental que “seguro consultaran los estudiosos de la Sicología, Siquiatra y Derecho Criminal”, ya que la historia que escribe el autor se basa en hechos reales publicados en las noticias de los diarios locales, expediente del juez César C. del Juzgado Quinto Superior y la impugnación de la sentencia de juzgamiento de imputabilidad del abogado defensor Samuel Gamero Benítez; pero inteligentemente elucubrada con su imaginación creadora en una trama discontinua en el tiempo y espacio con personajes de ficción que se entrelazan en una historia de 20 años, contados a partir de la sangrienta orgía acaecida un 30 de noviembre.
Se narra la vida amorosa de los padres de Juanito, cuando el ucraniano Juan Cehejov Niessenbum joven capitan de guerra en su país natal conoció a la bella Raquel Kolpack diez años menor que él. Pero cuando él se radicó en Costa Rica después de finalizada la Segunda Guerra Mundial donde trabajaba como administrador de un finca, le envió un ultimátum para que se encontrarán y se casaran, por lo que así sucedió y en 1948 llegaron a Armero Tolima dónde con sus ahorros personales compraron una finca donde empezaron a cultivar y exportar algodón donde amasaron un patrimonio familiar.
20 años después se trasladan a Pinto dónde compraron una finca algodonera cerca a Santa Marta, hasta que por insinuación de su hijo mayor Issac, ya en edad de la pensión vejez compraron una espaciosa casa de dos pisos en El Golf donde vivían con su segundo hijo díscolo y la oveja negra de la familia, que fumaba mariguana a diario y los irrespetaba porque no querían darle su herencia para hacerce una operación de cambio de sexo, porque su sueño era verse como una bella modelo, ‘mujer cueste lo que cueste’ como titula su autor este libro, pero don Juan decía que la herencia se daba después de muerto.
En la sangrienta madrugada Juanito llegó a la cinco de mañana cuando su empleada de 20 años Marina O. lo vio desde abajo y contados segundos se escuchó el quejido del anciano padre y ruidos en el baño. Después llegó la policía y encontraron a las víctimas del parricidio que estremeció a toda la urbe. Juanito fue capturado en su carro a dos cuadras y aceptó su responsabilidad en los hechos de enérgica crónica roja.
Pero varios días después se retractó y señaló a terceras personas de ser las responsabes del doble crímen asociadas a un interés de sucesión patrimonial. El caso de Juanito el parricida no confeso fue declarado como inimputable por primera vez en la region Caribe, juzgado y enviado a Bogotá a pagar su condena en el Anexo psiquiátrico de La Picota.
Pero Juanito aislado y resignado en la fria capital y que por muchos años supo de lo que pasaba aquí por las esporádicas cartas que le enviaba a su abogado defensor y este le respondía, fue remitido al Centro de Rehabilitación Integral Cari en 1996 construido en la ciudadela de la Salud.
Finalmente en el capitulo último el narrador con astibos de realismo mágico logra lo que en casi veinte años no pudo el abogado defensor, ni ningún periodista de que Juanito descongelarse su memoria y contara lo que realmente ocurrió.
Alfonso consciente de que su libro sin una entrevista de su principal protagonista no sería una lectura diregible, consiguió por intermedio de Miriam O de B., la profesional amiga de su familia que atendía con dulzura a Juanito, que éste aceptara darle la anehelada entrevista, la cual sería antes de la cinco de la tarde cuando empezaba hacer fresco en el Cari.
Alfonso llegó el día indicado y vio a un Juanito maduro y cambiado por los pasos de los años, quien estaba más sereno pero aún díscolo. Después de romper el hielo en compañía de la profesional de la salud que acompañaba la conversación con sus gestos de su cara, Juanito habló por fin sobre el sexo y su transformación de sus tetas, dijo: “que estaba frustrado con su cuerpo, porque la naturaleza me dotó de una verga enorme y un enfister tan angosto”.
Después recordó que luego de fumar marihuana durante toda la noche llegó al segundo piso de su casa cogió un cuchillo y le gritó a su papá que quería su herencia para operarse y ser una mujer de verdad, la que tenía escondida en su cuerpo masculino. Sin embargo su anciano padre le dijo que nó y así finalizó la madrugada sangrienta con el primer parricidio de la Puerta de Oro de Colombia en medio de su alucinación mental de su encuentro erótico con la figura deslumbrante de la Alondra.

