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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.
“No podría entender mi vida, tal como es, sin la importancia que han tenido las mujeres. Siento que nada malo me puede suceder cuando estoy entre mujeres“. Gabriel García Márquez. ________
En el libro “Gabo y Mercedes: Una Despedida”(Random House), Rodrigo García, hijo mayor de la pareja, expresa:” Mi padre decía que todos tenemos tres vidas: La pública, la privada y la secreta“(ver pág. 87). De esas tres vidas humanas, todas, vamos a referirnos, con la brevedad necesaria, tanto en la obra y vida de García Márquez, Gabo, y Cepeda Samudio, Nene, en el recorrido que hemos emprendido, mes a mes, por las paralelas vidas, a “vidas para leerlas” (a lo Cabrera Infante), de estos genios del Caribe.
Macondo, mujeres y boda
El mundo familiar de los Buendía, en “Cien Años de Soledad“, está habitado por mujeres inigualables: Úrsula Iguarán, Amaranta, Remedios Moscote, Pilar Ternera, Rebeca, Santa Sofia de la Piedad, Fernanda del Carpio, Petra Cotes, Remedio, la bella, Renata Remedios y Amaranta Úrsula. Pero recordando mujeres de ficción, no puedo olvidar a Erendira y su abuela desalmada. Historias de mujeres que son fuerzas de la naturaleza.
De igual manera, la obra literaria de Cepeda Samudio tiene mujeres como protagonistas. Basta señalar a Regina en “Todos estábamos a la espera” que incluye el cuento “proyecto de biografía de una mujer sin tiempo“. La hermana en la novela “La Casa Grande”. Y Juana, la de “Los cuentos de Juana”, donde se incluyen “María Zenobia se sienta al piano en las tardes” y “Juana tiene una amiga en Bogotá“.
Gabo, sus padres, hermanos y hermanas
Son mujeres singulares. El crítico francés Jacques Gilard(qepd), en la edición suya de “Todos estamos a la espera” (Cooperativa Editorial. Madrid. 2019) afirma: “Los personajes femeninos de Cepeda oscilan así entre los extremos de la gracia y el infortunio. Todas con el sello de la entereza, aptas lo mismo para la crueldad, que para el sufrimiento en la soledad o en el anhelo de dar la vida“(ver pág. 48).
Cepeda con su madre Sara
Existió una asimetría familiar entre El Nene y Gabo. El Cabellón fue hijo único del matrimonio del abogado Luciano Cepeda y Roca y Sara Cepeda. El padre murió siendo niño Alvaro. Mientras Gabito fue el hijo mayor del hogar que formaron Gabriel Eligio García Martínez y Luisa Santiaga Márquez Iguaran; esos hermanos y hermanas García Márquez son (y fueron): Aída Rosa, Alfredo Ricardo, Eligio Gabriel, Gustavo, Hernando, Jaime, Ligia, Luis Enrique, Margot y Rita del Carmen.
Pero Gabito no fue, cuenta la historia, el hijo mayor del “Telegrafista de Aracataca“, sino uno de los dieciséis (16) hijos de Gabriel Eligio. El hermano mayor fue Rafael Olimpo García Miranda, nacido en Arboleda (Sucre) en Agosto del 1924 y fallecido en el 2009, según el relato de Gustavo Tatis Guerra en “La flor amarilla del prestidigitador”(Periscopio), quien afirma que los otros cuatro (4) hermanos fueron “hijos reconocidos”.
Alvaro y Teresa en una boda
La viuda Cepeda, en 1944, contrajo matrimonio con el Sr. Rafael Bornacelli, quien contribuyó en la naciente actividad periodística de El Nene, cuya madre lo crio en solitario. Por su parte, en el hogar de Luisa Santiago, madre de Gabito, nacía un hijo cada año, lo que conllevo a que el hijo mayor buscará salvarse solo, “nadando”. Adolescente viajó, en barco fluvial, a Bogotá por una beca que le permitió ingresar a estudiar bachillerato en Zipaquirá.
En “Amores en tiempo del colera“, novela llevada al cine, García Márquez “inmortalizó”, en la ficción, los amores fructíferos, con extensa y distinguida prole de sus padres, caracterizados en los protagonistas de esta difundida novela: la paciente mujer Fermina Daza y el guapo, a lo azteca, Florentino Ariza. La historia de amores correspondidos en silencio y ardiente sol transcurre dramáticamente navegando, puerto a puerto, por el Río Magdalena. Amor de navegante. Nerudianos…”en cada puerto un amor espera”.
Gabo y Mercedes, el día de la boda
Conocí una noche en el Bar de la cueva, en la esquina de “20 de julio” con carrera 59 del barrio Bostón de Barranquilla, a la declamadora española Tachia Quintana, una bella señora con cabellera nivea, cuyo nombre de pila es María Concepción, a quien Heriberto Fiorillo (qepd) invitó a leer poesía y a contar la historia de amor secreto que vivió, en París, con el joven reportero de El Espectador, Gabriel García Márquez cuando hambriento escribía la tragedia de “el coronel no tiene quien le escriba“, considerada por su autor como “mi obra maestra“. Amar a una poetisa en París es una bendición. En la biografía de Gabo, “Una vida“(Debate) del inglés Gerald Martin hay diecisiete (17) referencias a Tachia.
Adolescente Gabito sacó a bailar a la niña Mercedes Barcha Pardo, hija del boticario de Since(Sucre). Y en el compás de un porro, le dijo: ” Casáte conmigo!”; propuesta que cumplió, a rajatabla, en 1958, solemnemente en la Iglesia El Perpetuo Socorro de Barranquilla. En el mismo templo católico, El Cabellón había contraído nupcias, en 1954, (con Germán Vargas Cantillo, como único testigo) con su novia de siempre Teresa Manotas Llinas, a quien “bautizó” Tita, la viuda que le sobrevive ya cercana al centenario. Gabo y Mercedes son difuntos El matrimonio Cepeda Manotas tuvo dos hijos: Patricia y Alvaro Pablo, ambos fallecido jóvenes. Pero El Cabellón tuvo otra hija, Margarita Cepeda Torres, periodista, residente actual en Estados Unidos, que no aparece, según el grupo editorial Penguin
Random House, entre los herederos de la obra literaria del padre. De la unión eterna de Gabo y Mercedes nacieron dos varones: Rodrigo (cineasta) y Gonzalo (diseñador). Posterior a la muerte de García Márquez se conoció que tuvo una hija, la cineasta mexicana Indira Garro, que decidió usar el apellido materno. La historia de Indira la relata Gustavo Tatis Guerra, en el citado libro:” La flor amarilla del prestidigitador, encuentros con gabo“(Periscopio casa editorial). El título del aparte donde se cuenta esa historia se titula: “El secreto“. Definitivamente los genios también tienen humanidad mamífera.
La próxima: Erotizar la vida buena, al recordar a Edgar Morín.