Por: Jairo Eduardo Soto Molina, Doctor en Ciencias Humanas, Post Doctor en Alta Dirección y tecnología, Investigador social

“Buscar es tener un motivo para vivir.” — José Saramago

“Lo que buscas también te está buscando a ti.” — Rumi

“El que persiste, encuentra. Aunque sea lo que no esperaba.” — Anónimo

“No buscaba la respuesta. Buscaba el lugar donde la pregunta dejara de doler.” Jairo E. Soto M

“Toda búsqueda es una forma de exilio hasta que se encuentra.” Yoyito Sabater

En Buscando Guayaba, Rubén Blades construye una de esas composiciones en las que la aparente sencillez narrativa encubre una compleja red de significaciones culturales. En un primer nivel, la canción cuenta la historia de un sujeto que emprende una búsqueda y recorre diferentes espacios intentando encontrar una guayaba que satisfaga determinadas cualidades. Sin embargo, una lectura exclusivamente literal resulta insuficiente. La guayaba funciona como un significante móvil cuyo sentido se desplaza progresivamente desde la fruta hacia la mujer deseada, desde el objeto buscado hacia la plenitud afectiva y desde el desplazamiento espacial hacia la necesidad de arraigo. La canción puede comprenderse, por ello, como una pequeña poética caribeña de la búsqueda.

Este procedimiento resulta característico de una oralidad popular en la que las palabras pueden operar simultáneamente en distintos registros. La guayaba pertenece al paisaje natural y cotidiano del Caribe, pero puede adquirir, dentro de determinados contextos comunicativos, resonancias corporales, amorosas, humorísticas e incluso eróticas. Blades explota precisamente esa polisemia. No necesita abandonar el campo semántico de la fruta para conducir al oyente hacia otro universo de significación. La metáfora funciona porque mantiene ambos mundos abiertos: se busca una guayaba y, al mismo tiempo, se busca una mujer. La ambigüedad no constituye una deficiencia comunicativa, sino la condición misma de la riqueza expresiva de la canción.

La insistencia en que esa guayaba posea “sabor” y “mendó” profundiza este desplazamiento. El objeto deseado no se define fundamentalmente por su apariencia, sino por una cualidad difícil de reducir a criterios objetivos. Tener sabor supone poseer presencia, gracia, vitalidad y capacidad de producir una experiencia significativa en quien observa, escucha o comparte. El mendó, dentro de esta economía poética, pertenece al mismo universo de la gracia corporal, el movimiento y la expresividad. Se trata de cualidades que no pueden comprenderse plenamente desde una traducción exclusivamente denotativa porque remiten a formas culturalmente situadas de reconocer el atractivo, la sensualidad y la personalidad.

La persistente insistencia de la búsqueda de esa guayaba “que tenga sabor y que tenga mendó” profundiza ese desplazamiento semiótico e intensifica a su vez el significado de la búsqueda. Es una relación biunívoca de semiotización de los sentidos de la búsqueda y la singularidad que debe tener esa guayaba: sabor y mendó. Al decir de mí ilustre profesor de doctorado Hernández Carmona (2013) “La nostalgia vista desde esta perspectiva se convierte en isotopía cultural que intenta homogenizar lo heterogéneo, lo esparcido en un universo semiótico”. (Pág.47). Particularmente significativa resulta la voz mendó, término de raigambre afrocubana y circulación afrocaribeña cuyo campo semántico remite a la calidad, la capacidad, el talento, el gusto y la sabrosura. En el universo expresivo de la canción, sin embargo, mendó desborda cualquier equivalencia léxica estricta: designa una cualidad que se posee y se reconoce, una suerte de gracia, chispa o sabor difícilmente reducible a una traducción literal. En este horizonte teórico, la nostalgia opera como una isotopía de lo cotidiano que, mediante su reiteración significante, adquiere el carácter de práctica cultural y articula sentidos compartidos en el espacio semiótico de la intersubjetividad. De esta manera, cuando Blades busca una guayaba “que tenga sabor, que tenga mendó”, no está describiendo solamente una cualidad física, sino invocando un código cultural afrocaribeño en el que cuerpo, movimiento, sensualidad, gracia y autenticidad convergen. La palabra misma funciona, por tanto, como memoria lingüística de la afrodiáspora: una voz culturalmente situada que adquiere toda su densidad dentro de las prácticas de oralidad, música y corporalidad del Caribe.

La oposición entre exterioridad y autenticidad adquiere particular importancia cuando el caminante encuentra espacios aparentemente valiosos y, sin embargo, continúa sin hallar aquello que busca. La imagen de la “casa dorada” puede interpretarse, desde esta perspectiva, como una sugerente contraposición entre brillo exterior y plenitud interior. Lo dorado representa aquello que posee valor visible, mientras que la guayaba continúa ausente. Esta lectura permite identificar una tensión recurrente en el universo narrativo de Blades: la distancia entre lo que socialmente parece valioso y aquello que proporciona sentido a la existencia. El personaje encuentra brillo, pero continúa buscando sabor.

Sin embargo, el aspecto más significativo para una lectura de la nostalgia aparece cuando la búsqueda se relaciona con la posibilidad de detener el caminar. El sujeto de Buscando Guayaba es esencialmente un caminante. Se desplaza, pregunta, recorre espacios y reconoce haber viajado extensamente sin encontrar aquello que busca. Su movimiento no constituye únicamente un itinerario geográfico; representa una condición existencial. Viajar significa aquí permanecer en búsqueda. Por esta razón, encontrar la guayaba significaría mucho más que satisfacer un deseo momentáneo: supondría hallar aquello capaz de transformar al sujeto errante en sujeto arraigado.

La canción introduce así una modalidad particular de nostalgia. Habitualmente se entiende lo nostálgico como añoranza por un lugar, una persona o un tiempo que se ha perdido. El sujeto nostálgico mira hacia atrás y desea recuperar aquello que ya no posee. En Buscando Guayaba, en cambio, puede identificarse lo que proponemos denominar nostalgia prospectiva: la añoranza de una plenitud que todavía no ha ocurrido, pero cuya ausencia ya se experimenta afectivamente. El protagonista no recuerda necesariamente a la mujer perdida; imagina a la mujer todavía no encontrada. No regresa mentalmente hacia un amor desaparecido, sino que proyecta hacia el futuro la posibilidad de un encuentro capaz de modificar su existencia.

Esta aparente paradoja resulta fundamental. ¿Cómo puede añorarse aquello que nunca se ha tenido? Precisamente porque el deseo es capaz de construir anticipadamente la experiencia de la ausencia. El personaje sabe reconocer lo que le falta sin haberlo encontrado todavía. Puede describir sus cualidades, imaginar sus efectos y anticipar la transformación que produciría su aparición. La ausencia adquiere entonces presencia discursiva. Aquello que no existe en la experiencia inmediata existe intensamente en la imaginación del sujeto.

Desde esta perspectiva, Buscando Guayaba puede ponerse en diálogo con otras composiciones de Blades en las que el viaje, la pérdida, la familia, la memoria o el retorno articulan diferentes formas de nostalgia. No obstante, aquí se produce una inversión particularmente interesante: mientras en otras canciones el personaje recuerda aquello que tuvo, en esta composición desea aquello que podría llegar a tener. La nostalgia deja de estar vinculada exclusivamente con el pasado y adquiere una temporalidad abierta hacia el futuro.

El recorrido del personaje también puede interpretarse desde la experiencia histórica del Caribe, región constituida por desplazamientos, migraciones, encuentros, partidas y retornos. Sin convertir automáticamente al personaje de la canción en representación de toda una colectividad, resulta significativo que el deseo aparezca narrado mediante la figura del caminante. La subjetividad caribeña que emerge en la canción no permanece inmóvil: recorre, compara, busca y establece relaciones entre diferentes espacios. Sin embargo, esa movilidad contiene también el deseo de encontrar un lugar —o una persona— capaz de producir pertenencia.

A esta dimensión se suma la presencia de códigos procedentes de la oralidad afrocaribeña. La referencia al babalawo, por ejemplo, amplía el horizonte cultural de la búsqueda al incorporar un término perteneciente a tradiciones religiosas de origen yoruba desarrolladas en las Américas. El personaje no se limita a buscar mediante procedimientos racionales o cotidianos; también apela simbólicamente a saberes espirituales y populares para encontrar aquello que se le escapa. La búsqueda amorosa queda inscrita así dentro de un paisaje cultural heterogéneo en el que conviven humor, sensualidad, religiosidad popular, música, corporalidad y oralidad.

Este aspecto resulta especialmente relevante desde una perspectiva intercultural y decolonial. Una escucha colonizada podría considerar algunas de estas expresiones como simples adornos pintorescos, sonidos exóticos o recursos humorísticos carentes de densidad conceptual. Una escucha culturalmente situada, por el contrario, reconoce que esos vocablos, entonaciones y dobles sentidos transportan memorias y sistemas de significación. Comprender la canción exige algo más que conocer el español: requiere aproximarse a las claves culturales mediante las cuales las comunidades caribeñas producen, esconden, negocian y comparten significados.

Podemos denominar este procedimiento hermenéutica caribeña de la clave. La clave no consiste solamente en ocultar información, sino en establecer distintos niveles de acceso al significado. Quien desconoce el código escucha una historia posible; quien reconoce determinadas resonancias culturales escucha otra; quien pertenece a una comunidad interpretativa capaz de identificar dobles sentidos, gestualidades y referencias populares accede a capas adicionales. Ninguna palabra necesita abandonar su significado literal para adquirir otros sentidos. La guayaba sigue siendo guayaba mientras simultáneamente deja de serlo.

Esta estrategia posee además una dimensión de complicidad (Busca una guayaba por la vereda del 8 y el 2). El cantante no explica completamente el doble sentido porque hacerlo destruiría parte de su eficacia estética. La cultura popular confía en la competencia interpretativa del oyente. Hay cosas que se dicen directamente y otras que se insinúan; algunas se comprenden mediante el contexto, otras mediante el conocimiento compartido y otras permanecen deliberadamente abiertas. En ese espacio entre lo dicho y lo insinuado reside buena parte de la fuerza poética de Blades.

Desde esta perspectiva, el humor y la sensualidad no contradicen la nostalgia, sino que la protegen de la solemnidad. El sujeto puede cantar alegremente aquello que le falta. El montuno permite bailar la ausencia. Esta coexistencia constituye uno de los rasgos más fascinantes de determinadas músicas populares caribeñas: el cuerpo celebra mientras la narración habla de pérdida, deseo, precariedad o búsqueda. La alegría musical no cancela el conflicto emocional; lo vuelve habitable y compartible.

Por ello, sería reductivo definir Buscando Guayaba únicamente como una canción erótica, del mismo modo que sería insuficiente eliminar su dimensión sensual para convertirla en una alegoría puramente existencial. Su riqueza reside precisamente en la convivencia de ambas dimensiones. La mujer deseada posee cuerpo, movimiento, sabor y sensualidad, pero progresivamente adquiere otra capacidad: puede convertirse en motivo para detener el viaje. El deseo corporal comienza a transformarse en deseo de permanencia.

La canción permite así establecer una secuencia interpretativa: guayaba → mujer → deseo → sabor/mendó → encuentro → afecto → arraigo. Paralelamente puede reconocerse otra cadena: monte → camino → búsqueda → desplazamiento → ausencia → imaginación → nostalgia prospectiva. Ambas convergen en la figura del caminante 4⁴que desea encontrar algo —o alguien— suficientemente significativo para modificar su relación con el mundo.

En consecuencia, Buscando Guayaba amplía la comprensión de la nostalgia dentro de la obra de Rubén Blades. La nostalgia no debe reducirse a la melancolía por un pasado irrecuperable. Puede manifestarse también como conciencia anticipada de una ausencia, como deseo de aquello que todavía no llega y como imaginación de un futuro capaz de proporcionar arraigo. El caminante de Blades continúa buscando porque todavía no encuentra aquello que pueda detenerlo.

En este sentido, la canción formula una paradoja profundamente humana y, al mismo tiempo, profundamente caribeña: se puede sentir nostalgia de aquello que todavía no se ha vivido. Bajo la superficie festiva del son montuno, la guayaba termina convirtiéndose en metáfora de una plenitud ausente. El sujeto viaja por el mundo buscando sabor, cuerpo, afecto y pertenencia; busca a alguien, pero también busca un lugar existencial donde dejar de buscar. Buscando Guayaba transforma así una imagen cotidiana de la cultura popular en una poética del deseo y del arraigo: la nostalgia de aquello que todavía no hemos encontrado, pero que, de alguna manera, sentimos que nos hace falta.

Referencia bibliográfica:

Hernández-Carmona, L. J. (2013). Hermenéutica y semiosis en la red intersubjetiva de la nostalgia. Laboratorio de investigaciones semióticas y literarias LISYL ULA-NURR. Universidad de Los Andes. Trujillo, Venezuela.

PD: Este es un aparte de un artículo científico que se publicará pronto: La nostalgia en las canciones de Rubén Blades: memoria afectiva, pertenencia y conciencia histórica en la salsa narrativa

  • ¿Ves cómo funciona? Cada epígrafe es una etapa:

1.  Saramago te da el motivo

2.  Rumi te da la esperanza

3.  El anónimo te da la advertencia

4.  El mio te da el dolor real

5.  El Yoyito Sabater te da el exilio