
Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

Bocas de Cenizas recibe ahogados por el deseo de gobernar
El verso “De qué callada manera se me adentra usted sonriendo“, es autoría del considerado poeta nacional de Cuba, Nicolas Guillen, pero fue popularizado en trova por, otro cubano famoso, Pablo Milanes. Recientemente lo recuerdo al ver y escuchar un video sobre la historia del poema también interpretado, en salsa, por la orquesta puertorriqueña La Sonora Ponceña, bajo las blancas y negras de Papo Lucca.

Ocurre que hoy lo uso, no para notar relación entre poesía y música antillana, caribeña (me gusta tanto), sino para intentar reflexionar sobre el arte de gobernar. La razón?. Leyendo sobre las once (11) clases de silencio señaladas, en detalle, en el libro: “Historia del silencio, Del Renacimiento a nuestros días”(Lumen) del historiador francés, Alain Corbin (94 años), encontré, en la página 104, la siguiente frase:
“El arte del buen gobierno requiere callar. El soberano, más aún que los demás, nunca se posee mejor que en el silencio“.
En el párrafo siguiente precisa, comentando el libro “L’art de se taire” (El arte de callar), publicado en 1.771, de la existencia de un nexo “entre el silencio y una cierta retórica corporal“.
Esta relación entre callar y mímica no es casual. La historia tiene ejemplos vitales de “enanos” que han sido soberanos. ¿Recuerdan a Napoleón Bonaparte, o a Adolfo Hitler?
No puedo olvidar una de las enseñanzas de Aristóteles, contenida en “Etica nicomáquea“(Gredos), en la que el filósofo cita a Bias, uno de los 7 sabios, que dijo:
“El poder mostrará al hombre”(ver pág. 239).
Esta idea la toma el dramaturgo Sófocles para colocarla en palabras de Creontes en la tragedia antígonas, el icono personaje femenino que se enfrenta al poder político para sepultar el cadáver del hermano.
Gobernar desde el silencio, es decir del uso estratégico del arte de callar significa darle prioridad a las denominadas, por Howard Gardner, inteligencias múltiples frente a los avatares del ejercicio del Poder. Y no dejarse arrastrar del ímpetu de la llamada y estudiada, por Daniel Goleman, inteligencia emocional que provoca gobernar desde el uso, desmedido, de las redes sociales.
Y aquí, he de recordar otra enseñanza, esta vez del semiólogo italiano Umberto Eco quien, refiriéndose a la utilización de las redes sociales sentencio:” le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino (Ron Defensor, digo yo), sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. es la invasión de los idiotas“(ver La Stampa, junio 2015).
Nuestra historia política tiene un hito, en la marcha del silencio convocada, el 7 de febrero de 1948, a pocos días de su asesinato, por el caudillo Jorge Eliecer gaitan, líder con “background” presidencial. En esa ocasión, al pronunciar la célebre oración por la paz, Gaitan dijo:
“Todo lo que pedimos es que en nuestro país se desista de una línea de conducta que nos avergüenza (…) ponga fin, Señor Presidente, a la violencia. Todo lo que pedimos es la garantía de la vida humana, que es lo menos que una nación puede pedir”(ver pág. 172 de “una historia política de Colombia, del siglo XIX al frente nacional”(Debate) de Álvaro Tirado Mejía).
Desde la denominada “Revolución de los comuneros“, en nuestra historia colonial, Colombia ha reprobado el mal gobierno. Es decir, ha ejercido el Derecho de Contradicción u Oposición. Un ejemplo de oposición silenciosa, nada de megáfono ni discursos “manios” de plaza, la literatura caribeña nos lo ilustra, como los pasquines (carteles anónimos) a los que alude García Márquez en la novela “La mala hora“. Esos pasquines “tumbaban” el honor y denigraban del poder en el pueblo donde no había ladrones.
Hoy, muy a pesar del auge desmenuzado del uso rampón de las redes Sociales, la oposición política, desde la llamada opinión pública, la ejercen Las Caricaturas, en especial, del soberano que ha sido ungido con el poder por aquel azar que gobierna las circunstancias electorales. Muy pocos, pero muy poco caracterizado lideres han llegado a la Presidencia de la República, en lo transcurrido del presente siglo. no hay huellas de buen gobierno.
Para concluir deseo regresar a las enseñanzas de Aristóteles quien, en el libro VI de la Ética Nicomaques dedicado al “examen de las virtudes intelectuales, expresa que:
“Todo arte versa sobre la génesis, y practicar un arte es considerar cómo puede producirse algo de lo que es susceptible tanto de ser como no ser y cuyo principio está en quien lo produce y no en lo producido”(ver pág. 262, opus cite). Por ello, solo los prudentes pueden gobernar calladamente, ya que “nadie puede de ser de otra manera, ni sobre lo que no es capaz de hacer“. No todos “razonan adecuadamente”.
La próxima: Gabo y Cepeda: Reporteros y teóricos del periodismo.

