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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.
“Ponga fin, Señor Presidente, a la violencia. Todo lo que pedimos es la garantía de la vida humana, que es lo menos que una Nación puede pedir”. Jorge Eliecer Gaitán, febrero del 1948. ________________________
Colombia, al igual que “medio mundo”, adolece, en estos momentos de la Historia Patria, de auténticos líderes, aquellos a los que Max Weber, sociólogo alemán, calificó de carismáticos. Es decir, personajes que, en tiempos de hecatombe, no le temen a las tormentas y saben conducir, con tino, a su pueblo por la senda del triunfo, si afronta la guerra, o de la esperanza frente a la incertidumbre. Son personajes más allá de sus circunstancias.
De esa clase de líderes carecemos, en la actual arena política. De los muchos que nos arrojan, con osada persistencia, las redes sociales, la mayoría de ellos tienen sombras a sus espaldas o, como se dice en las esquinas: “raboépaja“. En el panorama no percibo, ni intuyo, en el cercano horizonte, a aspirantes a jefe de estado con suficiente magnetismo para superar nuestro endémico conflicto: la violencia.

Esta reflexión, al igual que el titular de la misma, surgió aquel domingo, en que celebramos el día internacional de la mujer, mientras caminaba, con las brisas del Magdalena en el rostro, a la urna a depositar, voluntariamente el voto, en unos de los puestos de las elecciones, al Congreso de la República y consultas presidenciales, ubicado al norte creciente de una Barranquilla horizontal. En el andar atravesé por el parque “el realismo mágico“.
Entonces, entre lo real maravilloso de nuestras novelas, así sean de Dictadores y Masacres repetidas y de toda laya, esta frase de Buda “aferrarse al odio es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera“, puede ayudarnos a comprender, desde la distancia, el nivel de odio que alimenta nuestra vida política. odio que ha segado vida de destacados líderes en la historia reciente.

Por eso, resulta pertinente recordar, otra frase, como este del escritor Frank Herbent que enseña: “Los líderes carismáticos deberían venir con una etiqueta en la frente: “puede ser peligroso para su salud“. Es indudable el peligro o gran riesgo que corre, en la Colombia desde siempre: colonial y contemporánea, quien pretenda liderar la Nación desde el fervor popular que agiganta su voz y su presencia. Me niego a referenciar los nombres de los lideres, a mi entender, sacrificados… asesinados en aviones plazas y esquinas.
La política en Colombia, antes de la convocatoria y proclamación de la vigente constitución política, que borró los límites ideológicos de los partidos políticos para convertirlos en un amasijo de intereses particulares, fue infiltrada por el fenómeno comercial llamado clientelismo que institucionalizó la compra del voto del ciudadano que, sin mayoría de edad política, convive con las necesidades insatisfecha de educación, salud, vivienda y agua potable.
Entonces, la política dejó de ser el ejercicio democrático en la búsqueda del poder, por el sufragio, para contribuir a las soluciones de las necesidades sociales, para convertirse en un negocio declarado de “compra de conciencia”, y así del apoderamiento extorsivo del poder del estado. Desaparecieron, como arte de magia, los lideres y nacieron caciques, máximos dirigentes y demás denominaciones feudales a quienes cuentan con las capacidades necesarias para comprar votos en el mercado electoral, sin importar el origen del “billetico“.
Mientras maduraba qué respuesta dar al interrogante planteado en el titular, fui invitando a la biblioteca del submarino libros de autores conocidos, por el estudio de la historia nuestra, ¡Caballeros!, como son:”Una historia política de Colombia. Del siglo XIX al frente nacional”(Debate) de Alvaro Tirado Mejía, “Colombia, un drama. Memorias de un pacifista en un país es llamas”(Uniandes) de Abelardo Forero Benavides, “La verdadera historia de Colombia”(Rey Naranjo Editores) de Hernando Gómez Buendía y “El sueño europeo en América Latina. Rafael Núñez y los caudillos ilustrados”(Crítica) de Alfonso Múnera.
La metáfora define nuestra historia como un “país en llamas“, donde las violencias de todo pelambre no cesan, aunque la retórica del auto-denominadao “El Último Aureliano Buendia -sin escrito alguno-, aluda al logro de una “paz total” que, según el balance de Amnistía Internacional sobre la paz (El Espectador de 21/4/26) “la violencia continúa afectando a la población civil a nivel nacional”. Es nuestra vergonzosa realidad.
Ante la cercanía de la primera vuelta presidencial, familiares, amigos y conocidos me consultan sobre cómo veo el panorama electoral, no encuentro respuesta distinta al escepticismo, aún el odio tiñe nuestra “arena política”. Y entre las fórmulas presidenciales inscritas para las elecciones del 31 de mayo, no diviso a ningún líder, todas las candidaturas son de PÚPILOS cargados de re-sentimientos. los extremos se repelen, carecemos de un Líder Ilustrado.
La próxima: Los libros del maestro y del pupilo.

