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Por: Elverth Santos Romero

La sorpresa fue muy agradable cuando mi amigo me contó que su señora esposa había quedado en estado de embarazo, aprovechó para invitarme con el fin de celebrar este acontecimiento tan importante para su vida a tomar unos tragos.

Solos pasaron algunos meses desde el día de aquella celebración y nuevamente fui notificado que ahora tendríamos una nueva rumba que sería de mayores quilates, celebraríamos el nacimiento del hijo de mi amigo, y su género, había nacido un varón. Este hecho generaba mayor efusividad y había entonces una nueva razón para volver a tomar unos tragos.

Un año después celebramos el primer cumpleaños del niño, asistieron casi todos sus familiares, los de su esposa y los de él, como diría Esopo, hubo francachela y comilona. Para los niños tenían muchos dulces y comida, acompañados de juegos divertidos, dirigidos por un payaso que los hacía reír a carcajadas. Nosotros los adultos no escapábamos al deleite, reíamos y comíamos también. Unas horas más tarde fue suspendido el jolgorio de los niños y fuimos notificados que a partir de ese momento la fiesta era para adultos, llegó el momento para tomar unos tragos.

Se acumularon distintos festejos, entre otros, primera comunión, grado de primaria, confirmación, el quinceañero, grado de bachiller, título universitario. Todas estas celebraciones tuvieron un común denominador, amén de la alegría por el compartir  estos  momentos tan especiales, siempre hubo  para celebrar que,  tomar unos tragos.

En la mayoría de los estratos sociales en Colombia se instituyó, que para la celebración de cualquier acontecimiento de nuestras vidas, su majestad el Alcohol debe estar presente, muy a pesar de ser una droga psicoactiva que altera la coordinación mental y física, produciendo inclusive lagunas mentales, pero al fin de cuentas, está socialmente aceptada. Se legalizó y permitió su consumo, sin embargo, el Estado ha sido incapaz  de elaborar programas educativos que permitan evitar a este flagelo destruir  nuestra juventud.

En Colombia los jóvenes comienzan a consumir alcohol en una edad promedio de Doce (12) años. El hecho de que su uso y consumo sea legal y socialmente aceptado, no significa que sea bueno o benéfico. Cuanta falta hace una catedra para enseñar a los niños desde la primaria, las nefastas consecuencias de  consumirlo.

Los niveles de accidentalidad producto del consumo de licor y de otras sustancias superan el veinticinco por ciento del total de los ocurridos; son más de 300 mil accidentes en automotores que se  producen anualmente por esta causa, cerca de dos millones de colombianos se encuentran en graves riegos de salud por el consumo excesivo de licor. Más del ochenta por ciento de la población Colombiana ha consumido alcohol alguna vez. Solamente en la ciudad de Medellín  se producen más  de mil riñas en un fin de semana, producto del consumo de licor.

El consumo descontrolado del alcohol tiene demasiada incidencia en factores directos e indirectos de la salud física y mental del individuo, como en el nivel de sus relaciones personales, familiares y laborales. La cirrosis hepática, el cáncer de colon, estómago, laringe, enfermedades del corazón, diabetes y sobrepeso entre otras están asociadas con tomar abundantemente bebidas alcohólicas. La afectación de sus relaciones familiares se traduce en maltratos verbales y físicos a su cónyuge e hijos, abandonos de hogar y separaciones. En la estadística de los divorcios en Colombia, el consumo excesivo de licor se encuentra entre las primeras  cuatro causas que lo originan.

Paradójicamente, la ley establece que la renta producida por la venta de licores destilados es propiedad de los Departamentos y su destinación es específica, para financiar preferentemente la educación y la salud de sus habitantes, es decir, que cuando hay mayor consumo de alcohol, habrá más recursos para la salud y la educación. En realidad esto es un absurdo, por decir lo menos.

La Organización Mundial de la Salud la caracteriza como una enfermedad y la encuadra dentro del grupo de las adicciones. En el alcoholismo subyace una predisposición genética, por lo tanto puede llegar a ser una enfermedad crónica, progresiva, irreversible y altamente destructiva y letal.

Algunos consideran que el alcohol es la sustancia psicoactiva que más daños produce a todo el entramado social. Se afecta la persona, la familia, los amigos, el trabajo. El que sufre esta penosa enfermedad, comienza por un estado de negación que le impide aceptar que tiene un problema por enfrentar y resolver.  Al parecer la aceptación es el comienzo de la recuperación, y demostrado está, que la mayoría de los alcohólicos no pueden recuperarse por sí solos, se requiere la intervención de un poder superior a ellos mismos. ¡ Ojalá lo encuentren !

Por último, mi amigo me invitó para contarme que estaba en proceso de divorcio,  según  me dijo, su forma desmedida de tomar le ha traído problemas. Parece que eso de tomar unos tragos, no es la mejor opción, cuando de celebraciones se trata, pensémoslo bien.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor   e-mail : elverthsantosr@hotmail.com Abogado-Especialista en Gerencia de Empresas Comerciales