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Por: Jorge Guebely

Como Crescencio Salcedo, “Yo no olvido el año viejo, porque me ha dejao cosas muy buenas…”

Me dejó múltiples certezas. Certeza del enorme crecimiento de la corrupción colombiana. Del Estado convertido en cueva de ladrones, de las instituciones contagiadas de burócratas corrompidos y políticos podridos. Más cerca a la cúpula del poder político y más se percibe la pestilencia. Más cerca a los partidos tradicionales y más se siente el hedor. Más cerca a las elites económicas y más perturba la fetidez.

Me dejó la certeza de que no es el Estado el podrido, sino sus burócratas, las personas que lo usufructúan. No se corrompen las Instituciones, sino los seres humanos. Ellos son los que apestan, los que se pudren y pudren a todo el país

Pero me dejó la certeza de un gran ser humano, Ángel Zúñiga Valencia, el patrullero con 10 años de servicio. Grande su negativa a desalojar familias pobres; a destruir sus pertenencias y cultivos por las malas, con represión estatal, con indolencia gubernamental, con sevicia y mentiras. “Yo sé que me van a trasladar lejos, pero es algo injusto lo que están haciendo, no les van a dar vivienda, no les van a dar reubicación, están abusando de los derechos humanos, estamos en cuarentena”, confesó públicamente.

Y la certeza de un gran juez de la República, Andrés Fernando Rodríguez Caez, hoy en el exilio para salvar su vida. Ejemplar su rechazó el soborno de las 200 barras o millones de pesos, ofrecidos por el vulgar senador Pulgar, delincuente político liberal de la U, deplorable ejemplo de la descomposición humana. “A ver, senador, yo en principio acepté la reunión esta mañana aquí pues por intermedio del alcalde Ronald, pero yo soy un hombre muy serio”, respondió a la deshonesta propuesta.

Y la certeza del juez 37 penal de Bogotá. Grande su condena al delincuente estatal, Carlos Albornoz, ex-jefe de la Dirección Nacional de Estupefacientes, militante activo del partido conservador, por el fétido negocio del centro comercial Villa Country de Barranquilla, una de sus tantas pillerías en contubernio con delincuentes de alta alcurnia nacional. “¿En qué cueva de ladrones estamos. Bribones cuidando el patrimonio del Estado?”, preguntó en plena audiencia.

También me dejó mi desacuerdo con Demócrates quien pensaba que todo estaba perdido cuando el deshonesto servía de ejemplo y el honesto de mofa. Colombia no está perdida, abunda más la honestidad aun cuando brille más la deshonestidad. Poco importa si la deshonestidad tiene robusto presente; de todos modos, carece de futuro.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor  jguebelyo@gmail.com