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Por: Jairo Eduardo Soto Molina
“Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos.” François de la Rochefoucauld
Dacher Keltner[i], psicólogo social y profesor de la Universidad de Berkeley, menciona que hay cuatro componentes que nos ayudan a definir y medir científicamente el perdón. El primero es la aceptación de que ha ocurrido la transgresión o daño que alguien nos ha hecho. El segundo, es la disminución del deseo o urgencia de buscar venganza o compensación. El tercero (y sobre todo cuando se trata de conflictos menores o con personas cercanas y que se pueda retomar la relación), es el deseo de acercamiento, disminución en el distanciamiento o evasión de la otra persona. Finalmente, el cuarto componente implica un cambio en los sentimientos negativos hacia la otra persona, como por ejemplo el aumento de la compasión y entendimiento de su propio sufrimiento, dolor, ignorancia o confusión que lo haya llevado a herirnos.
Contrario a lo que suele pensarse, el perdón también nos permite establecer los límites que sean necesarios para protegernos de volver a experimentar daño por parte de otras personas. Jack Kornfield[ii], psicólogo y maestro budista, define el perdón como la resolución de no permitir que la transgresión vuelva a suceder, de protegerse a sí mismo y a otros. Perdonar no significa hablar con o relacionarse con la persona que lo traicionó necesariamente. No se trata del otro, ni tampoco de un deber. Es una forma de acabar con el propio sufrimiento.
Todos, en algún momento, hemos herido a otros, ya sea de pequeñas o grandes formas. También hemos sido lastimados por personas que amamos, por familiares, amigos, parejas e inclusive por personas que no conocíamos. Hemos sido dañados directa o indirectamente por el odio de los grupos armados, las guerras, por la ambición de entidades gubernamentales y lastimosamente hasta por organizaciones que dicen proteger los derechos del ser humano. ¿Para qué nos seguimos haciendo daño unos a otros? ¿Por qué seguimos creyendo que la respuesta al mal del mundo es con más odio?
El perdón social lo que busca es erradicar el odio sembrado en la sociedad como cualquier semilla de mala yerba. En Colombia la gente es dada a opinar, hablar e incluso a escribir y más aún a discutir sobre cosas en las cuales no hemos sido formados ni siquiera por la misma iglesia que debería enseñarnos el espíritu apacible de Jesús, la iglesia históricamente ha permitido toda clase de abusos y agresiones dentro de la sociedad paradójicamente. Seguimos creyendo que el enemigo está afuera. Pero como dice Khyentsé Rimpoché[iii], “ha llegado el momento de desviar el odio de sus blancos habituales, vuestros supuestos enemigos, para dirigirlo contra sí mismo. En realidad, vuestro verdadero enemigo es el odio y es a él al que debéis destruir”. El perdón es la clave.
Matthiew Ricard[iv], señala que no solemos considerar a un criminal la víctima de su propio odio y mucho menos comprender que el deseo de venganza que pueda surgir en nosotros proceda fundamentalmente de esa misma emoción que ha llevado al agresor a lastimarnos.
Algunos han querido sacarle redito político al perdón social propuesto por Gustavo Petro alegando que es “una argucia para comprarle votos a los corruptos”, a cambio de impunidad. La catalogan como *”venderle el alma al diablo”, como “una propuesta insensata” y hasta piden una sanción social para Petro. Claro estos seres están enfermos del odio. Simplemente.
¿En qué consiste el perdón? ¿Qué perdonamos cuando aceptamos unas disculpas? ¿Hay límites para lo que podemos perdonar? Sobre este tema el filósofo francés Derrida, Jacques[v] (1930-2004) destacaba que solo hay perdón donde existe lo imperdonable. El perdón debe presentarse, así como lo imposible mismo, pues solo puede ser posible si es imposible.
Si solo se estuviese dispuesto a perdonar lo que parece disculpable, entonces la idea misma de perdón se desvanecería. Si hay algo a perdonar, sería, según Derrida, lo que en leguaje religioso se llama “pecado mortal”, esto es, lo peor, el crimen o el daño imperdonable. El perdón perdona así solo lo imperdonable, ya que lo que es perdonable, algo de naturaleza más trivial o de poca importancia, no requiere, por lo mismo, de una petición explícita de perdón. No se esperan de estos actos disculpas, pues se entiende la poca importancia, premeditación o intención en lo cometido. De allí que, si estos tipos de actos son los únicos perdonables, no tenga sentido la petición de perdón misma, pues ambas partes concuerdan, implícitamente, de que no cumplía la acción los requisitos para ser una ofensa.
Quien introduce el termino perdón social en Colombia es Mockus, Antanas[vi] con el fin de alcanzar realmente una paz duradera.
Citas al cierre:
“Haz justicia con alguien y acabarás por amarlo. Pero si eres injusto con él, acabarás por odiarlo.” John Ruskin
“El terrorismo nace del odio, se basa en el desprecio de la vida del hombre y es un auténtico crimen contra la humanidad.” PAPA Juan Pablo II
Referencias bibliográficas
[i] Keltner, D., & Haidt, J. (1999). Social functions of emotions at four levels of analysis. Cognition & Emotion, 13(5), 505-521.
[ii] Kornfield, J. (2008). The art of forgiveness, lovingkindness, and peace. Bantam.
[iii] Rinpoché, D. K. (1993). Audace et compassion. Padmakara.
[iv] Ricard, M. (2015). Happiness: A guide to developing life’s most important skill. Atlantic Books Ltd.
[v] Derrida, J. “To forgive: The Unforgivable and the Imprescriptible”. Questioning God,
J. D., Caputo, M., Dooley, M. y J. Scanlon (eds.). Bloomington and Indianapolis: Indiana University Press, 2001. 21-51.
[vi] Lo público en la cultura del perdón en Chaparro-Amaya, A. (2007). Cultura política y perdón. Universidad del Rosario.
Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor, Jairo Eduardo Soto Molina, Profesor de tiempo completo titular, investigador 1279 (80), Doctor en ciencias Humanas, Par académico MiniCiencias-MEN

