Telatiroplena.com, periodismo serio, social y humano.

Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

Sin madres, y no toda mujer llega a serlo, no habría humanidad. A esta elemental, pero contundente conclusión arribé al leer unas páginas del libro del historiador Yuval Noah Harari, «De animales a dioses. Breve Historia de la Humanidad»(Debate), en que narra y explica el origen y desarrollo de la agricultura. Me convencí cuando mi hija parió y en su perfil escribió: «el amor más grande del planeta…en mis brazos«. Había nacido Emilio y ella era madre. Yo abuelo.

Confieso que el mes de mayo me conmueve. No sólo por celebrarse el día de las madres, sino porque un día de mayo nació la mujer que me parió y que sigue siendo, calladamente, mi madre, Ma. Caamaño. A quien, unas veces, llamaban «¡mayooo!», pero en el vecindario todos le decían:  «mona«. A mí, el hijo mayor, sus amigos políticos me bautizaron: «el hijo de la mona Caamaño«, pues ella siempre me llevó de su mano. Y, hoy, ida dormida, a sus 90 años de lucha por la vida digna, vigila mis sueños despiertos en el submarino que habito. Por eso, mayo es ¡Mayooo!, mi madre.

Así que decidí escribir. No sobre los recuerdos vivos de «La Mona» que me acompañan en esta vejez consentida y productiva. Casi un jubileo diario. Sino sobre qué significa ser madre. Y estos días soleados y húmedos, anunciando rostros sin «tapabocas» (¿regresaran los besos?), lo permiten. Me invitan reflexionar públicamente sobre la maternidad. Fenómeno socio-biológico creador de las madres, esas mujeres guerreras que son como las panteras: elegantes, decentes y fieras. Me explico. Las hembras salvajes descubrieron, cuando las grandes fieras de la selva inhumana devoraban a sus críos, que ellas no podían desprotegerlos, para irse a cazar con los machos. Y decidieron plantar un caserío y defender el producto sufrido y placentero de su vientre universal. Entonces, allí nació la humanidad. La hembra se hizo mujer y de su sexo natural y cultural surgió la maternidad: condición exclusiva de la madre pues en el cordón quedan impregnados, para siempre, los hijos del vientre decente, elegante y fiero.

Ningún hijo muere por debilidad de su madre, amén de engendrarlo y parirlo, con dolor o bisturí, lo a m a-manta con leche y calor del pecho repleto de bondad. Es su sombra. Es su guía. Es su árbol de papaya. Muere de pie y exprimido.

Razón por la cual, el mago creador de macondo llamó, en alguna declaración maravillosa suya que las mujeres-madre eran: la fuerza de la naturaleza. Y la Ley colombiana otorgó el título, no honorífico de: madre, cabeza de familia. He ahí, entonces, porque el amor de madre es tan, pero tan, grande como el planeta…infinito. Sin fin. Va más allá de la sepultura, ya que es un amor de eterno regreso a la cuna. 

El historiador, en moda, Harari refiere la existencia de un vientre universal. En las páginas 56 y 57 del libro citado cuenta:

«Existen incluso varias culturas humanas actuales en las que se practica la paternidad colectiva, como, por ejemplo, los indios barís. Según las creencias de dichas sociedades, un niño no nace del esperma de un único hombre sino de la acumulación de esperma en el útero de una mujer. Una buena madre intentara tener relaciones sexuales con varios hombres diferentes, en especial cuando está embarazada, de manera que su hijo goce de las cualidades (y del cuidado paterno) no solo del mejor cazador, sino también del mejor narrador de cuentos, del guerrero más fuerte y del amante más considerado. Si esto parece ridículo, recuerde el lector que, hasta el desarrollo de los estudios embriológicos modernos, la gente no disponía de pruebas sólidas de que los bebés son siempre hijos de un único padre y no de muchos».

Y Harari agrega:» Los defensores de esta teoría de la «comuna antigua» argumentan que las frecuentes infidelidades que caracterizan a los matrimonios modernos, y las elevadas tasas de divorcio, para no mencionar la cornucopia de complejos psicológicos que padecen tantos niños como adultos, es el resultado de obligar a los humanos a vivir en familias nucleares y relaciones monógamas, que son incompatibles con nuestro equipo lógico biológico«. Expresión ésta que es pura socio-biología, remato yo.

Recientemente escuche, en un video televisivo, las declaraciones de la cantante española Malú expresando, con asombro, que solo con «la maternidad se accede al amor que nunca se sintió«. Para terminar, diciendo:» No me imaginaba que se pudiera amar de una forma tan brutaaal, tan sin nada, no sé. Fuerte. Profundo«.

Como ven es una elocuente definición de ser madre: amar con brutalidad, con fuerza y profundidad. Amar para ser buena madre.

Deseo concluir recordando unas líneas del centenario sabio francés, Edgar Morin, en el tomo 2 de el método: la vida de la vida (Cátedra), cuando alude a «la humanidad del amor y el amor a la humanidad«(pág. 510), que enseñan lo siguiente:

«Pero el amor humano tiene dos fuentes animales más cercanas.

Una es la relación mamífera madre —–hijo: Es decir, la continuidad extrauterina en el amamantamiento, y después en el apego, del vínculo simbiótico entre los dos seres.

La otra es la relación simbiótica de la pareja macho/hembra que se constituye en los pájaros y en ciertos mamíferos».

Entonces, la única definición de ser madre es: a m o r. Amor humano, pues su vientre, su sexo, es la cuna de la humanidad

La próxima. La opinión: derecho absoluto en apreciaciones constitucionales, a propósito del negocio twitter

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor