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Por: Alfredo Felipe Martínez Agamez

Que berenjenal, tronco de mierdero, cipote de arroz con mango, no joda… y a este ejercicio se le llama la fiesta de la democracia.

La pelea por la entrega de avales, la venta y compra de avales, la recocha de darle apoyo a uno u a otro candidato.

Un sancocho completo, pero con sabor amargo, agrio, casi llegando a olores de basureros o alcantarillas. Lo que hasta el momento hemos podido ver es la fiel copia de democracias amañadas, entronizadas por malas prácticas y horribles costumbres que afean el ejercicio de la buena política.

Los clanes y dinosaurios políticos aferrados al poder no permiten que nuevos actores lleguen al escenario. Los delfines hacen ingreso a la arena política para recibir órdenes y hacer lo que sus viejos pícaros y mañosos les ordenen. Las fuerzas emergentes y alternativas de nuevos partidos políticos llegan sin talante, sin mística y también con el deseo de satisfacer los egos personales.

Unos cuantos candidatos contados con los dedos de una mano tienen la capacidad para enfrentarse al que hacer de una buena política, tienen la intensión de desarrollase en el arte de servir, ojalá y la rampante corrupción no los acoja en sus alas.

Por todo lo anterior, lo que hemos visto en estos días en Colombia es más de lo mismo, más de la misma sed de poder, venganza, odio, ganas de robar y oprimir al pueblo y a los territorios en más retretes llenos de excrementos.

¡La política es el arte de servir y pensar en el colectivo,  no es el arte de robar y satisfacer los egos personales!

Nota: El contenido de este artículo, es opinión y conceptos libres, espontáneos y de completa responsabilidad del Autor.