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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

No recuerdo sí fue en unos de sus viajes a Barranquilla o al invitarme a México, donde ejercía como rector de la Universidad Olmeca (Tabasco), cuando mi amigo fallecido, Lacides García Detjen me regaló una postal de Beatrice, de pie en la barda de un puente de la Florencia medieval. La imagen de una mujer con traje largo decía, en letras diminutas: “Beatrice, la amante de Dante Alighieri“, el célebre autor de “La Divina Comedia”, novela clásica.

He recordado aquel fraterno regalo, enmarque la estampa y coloque en una de las paredes de la oficina del abogado, al comenzar la lectura de la novela “El Polaco” (El hilo de Ariadna), del premio nobel de Literatura 2003, J. M. Coetzee, prolífico escritor en lengua inglesa, nacido en Sudáfrica y residente actualmente en Australia. De él he leído “Infancia” y “Desgracia“. Asistirá a Buenos Aires (Argentina) a Feria del Libro/2026.

J.M Coetzee y otros  autores invitados a Buenos Aires

La traducción de esta novela corta, para no decir breve, es de Marina Dimópulos que, en la contra-portada afirma:

Esta historia algo trágica e incompleta recrea una de las más clásicas leyendas de amor de la literatura occidental“.

Alude al romance platónico de Dante, poeta, con la imagen de su musa silenciosa Beatrice, que es la viva figura femenina de la amada imperturbable.

La historia de “El polaco“, contada desde la voz de Beatriz, bella mujer bien casada y con hijo mayor, es la del pianista Witold Walczykiewicz (impronunciable), intérprete de la obra de Federico Chopin, cercano a los 70s años, que, en un concierto en Barcelona, se enamora prendidamente de la bella señora, amante de la música clásica, su anfitriona durante la estadía catalana, por pertenecer al círculo de conciertos. 

El pianista por email entabla relación con Beatriz, ese es su nombre, declarando su enamoramiento y, tiempo después, le informa que dará nuevo concierto, en el Festival de Chopin, en Mallorca. La invita,  Ella declina, pero le comenta que estarán, en familia, en la Isla de Soller, cerca a Mallorca. El esposo regresa y El Polaco la visita. Las noches juntos permiten a Beatriz pensar:

“El extraño en su cama puede que no sea un monstruo pero seguro que no es un dios“(pág 83).

Luego de enfermar, El Polaco muere en Varsovia. Beatriz fue informada por la única hija del Pianista que le dijo: “Mi padre dejó una caja a su nombre”. Días después de la fúnebre noticia, Beatriz viajó a Polonia, encontró la caja; contenía ochenta y cuatro (84) poemas, en polaco. Luego de una aventura logró traducirlo al catalán. El poemario estaba escrito, en el silencio enamorado de un enfermo de soledad, a ella, la joven señora que le había obsequiado su cálido cuerpo.

Un poema citado por Beatriz, en la conversación secreta con el difunto poeta y pianista, es:

             “Poema 2.

Por encima de todo él imploraba verla,

viejo maestro por entonces joven galán.

Por no podía tenerla

(cuello desnudo, faldas ondeantes, inimaginable)

toda la carga erótica ascendía por sus entrañas,

ascendía por la sangre, por el quimo,

hasta inundar su mirada viva.

Fijar la vista en ella era su modo de poseerla”(fragmento).

2.”La casa de las bellas durmientes“:

Evocación del amor al envejecer.

Cuando en el año 2004 García Márquez publicó “Memoria de mis putas tristes“, otra de sus novelas cortas, nuestro Nobel en una entrevista de prensa, sobre los antecedentes por él conocido del tema de la nueva obra, dijo que había leído, entre otras, la breve novela de Yasunari Kawabata, el suicida Nobel japones de 1968, “La casa de las bellas durmientes“.

Recuerdo, “como si fuera hoy”, que compré y leí la historia contada por Gabo del anciano, de 90 años, que espía y desea degustar la frescura de una mujer, aún niña, sino que obsequie un ejemplar a “La vieja Sara”(qepd), amiga y cómplice perfecta, además busque, adquirí y leí la novela del japonés suicida, en una edición hermosa de portada de colores. Ambas historias narradas, en una literatura cuasi filosófica, son sobre la vejez masculina, historias muy parecidas, pero difieren en el con-texto.

En “La casa de las bellas durmientes“(Seix Barral), Kawabata describe las “memorias”, recuerdos o evocaciones de El Viejo Eguchi, el personaje, un hombre menor a los 70s años de edad que, todavía, “No ha dejado de ser hombre” sobre sus cuatro (4) visitas distintas a la casa para contemplar, oler y dormir con mujeres jóvenes, vírgenes, desnudas y dormidas a punta de droga nunca despiertan en esas noches, e ignoran al visitante. Hasta el secreto lugar llega el sonido del mar.

Los varones asistentes a tal íntimo servicio, casi de voyerismo, son personas mayores, adultos madurados por la vida, que persiguen los placeres de la misma. viejos que se transmiten, a “viva voz”, lo que se ofrece en “La casa de las bellas durmientes”, además de buen te y somnífero. Un visitante murió, infartado, en el sabroso lugar, muerte que la historia narrada calificó como una especie de suicidio, de eutanasia voluntaria: dulce muerte.

“Al acercarse suavemente a él, la muchacha despidió una dulce fragancia, que se mezcló con el olor salvaje y penetrante de la muchacha morena que tenía a sus espaldas”(ver pág. 103). 

Así describe el omnisciente narrador uno de los momentos que vivió El Viejo Eguchi aquella noche -la última de sus visitas-, en que contempló, observó, acarició, olió y se durmió entre los cuerpos de las dos jóvenes que le brindaron por su reiterada asistencia a la casa, en la búsqueda de la “dulce fragancia” de mujer siempre joven.

Deseo concluir esta doble reseña con unas frases de las últimas páginas de la novela de Kawabata, frases que bien pudieron escribir Gabo y/o Coetzee, son estas:

– “Sobre los viejos tristes”,

– “La juventud sea terrible para un anciano”,

– “Recordó un beso de hacía más de cuarenta años”,

– “Le quedaba por delante mucha vida como hombre” y

– “La mujer es infinita“.

La próxima: ¿Es periodismo, opinar?