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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

Conocí personalmente a Carlos Gaviria Díaz, en más de una ocasión lo visité y me atendió en su Despacho en la Corte Constitucional, donde se desempeñó como uno de los más destacados magistrados de esta. Eran los tiempos en que cursaba la Maestría en Ética y Filosofía Política e investigaba sobre el derecho a la información; también asistí a su conferencia sobre La Eutanasia. Vote para elegirlo Senador de la República.

A Alfonso Múnera lo conocí, en los agitados años 70s, en los patíos y en la cafetería de la Universidad del Atlántico, de la sede de “Veinte de Julio”, estudiando la Licenciatura en Ciencias Sociales y Económicas. Él venia ocasionalmente a Barranquilla a “tirar líneas” a simpatizantes de la llamada Juventud Patriótica, “Jupa“. Hoy es un alto directivo de la Universidad de Cartagena e historiador destacado. Además de exembajador en isla antillana.

Al abogado y sociólogo Mauricio García Villegas no lo conozco, en persona. Pero, conozco sus libros, los he leído, comentado y utilizado, didácticamente, durante la etapa de Catedrático y Decano en la Facultad de Derecho de Unilibre, Barranquilla, en especial “La eficacia simbólica del derecho“. Leo y guardo su columna en El Espectador. Es decir, lo conozco, como dice La Biblia, por su obra intelectual.

En el mercado bibliográfico nacional se encuentran disponibles, recientemente, tres libros de y sobre éstos tres destacados intelectuales colombianos:

1) “Carlos Gaviria Vive“(Rey Naranjo Editores), de Iván Darío Arango, 145 páginas.

2)”el sueño europeo en américa latina, Rafael Núñez y los caudillos ilustrados“(Crítica) de Alfonso Múnera, 235 páginas y

3)”antes de perder el juicio, una apuesta por la razón en medio del delirio“(Debate) de Mauricio García Villegas, 431 páginas.

Estos libros son obras de académicos y sobre un hombre de Academia, como lo fue Gaviria Diaz, docente y directivo de la Universidad de Antioquia, pero no solo están concebidos, para lectura y estudio de historiadores, sociólogos o juristas, sino para los interesados en conocer las entrañas de nuestra sociedad emocional: La Colombia, que aún no se cansa de “darse plomo”. La historia no nos absolverá!.

Bertand Russell matemático, filósofo y Premio Nobel de Literatura e inglés, escribió una de sus obras bajo el título: “la búsqueda de la felicidad“. He recordado esa lectura juvenil, porque la ilustración también, en Colombia, es una continua búsqueda, en razón a que ambas, de distintos orígenes, son ideales humanos para lograr una sociedad feliz e ilustrada: Un sueño por cumplir, ¿igual a la felicidad?

En medio de la redacción, me pregunté de dónde me viene el interés por LA ilustración. Recordé que, durante la Maestría anotada, al tema dediqué buen tiempo de estudio y conversación con el profesor del seminario sobre la filosofía kantiana, el francés Jean Paúl Margot, a quien elaboré un ensayo, para la evaluación, sobre un texto periodístico de I. Kant. Obtuve la máxima nota (hay registro). Además, leí con frugalidad el libro: “Colombia: La modernidad postergada“, de Rubén Jaramillo Velez.

Entonces, surge inevitablemente la pregunta: ¿Qué es la ilustración? La misma que se formuló, en 1784, a 5 años previos a la Revolución Francesa, el profesor de Ética de la Universidad de Koenisberg (Prusia), Inmanuel Kant al publicar artículo en periódico local. Kant enseñó, con claridad universal, que:

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad…de servirse de su inteligencia, sin la guía de otros“. Acuñando la frase latina: “Sapere Aude!”. Traducido en: “Atrévete a saber o ten el valor de servirte de tu propio entendimiento”.

Cada uno de estos libros, por el prestigio de cada uno de los autores y protagonista, más allá del tema que, libremente, concitan merecen una reseña en particular -en otra oportunidad lo hare-, pero la confrontación que, a diario, se vive en Colombia obliga a comunicar que, en nuestra Academia universitaria existen voces de serios intelectuales que, buscando en la historia nacional, nos enseñan la búsqueda ilustrada para convivir como nación en paz.

Entonces, recomendar la lectura y estudio de autores como Alfonso Múnera y Mauricio García Villegas, como los ensayos del profesor Iván Dario Arango sobre la Filosofía de Carlos Gaviria Díaz es, no lo dudo, un acto de fe o de convicción de que Colombia no puede seguir postergando la ilustración. Y derrotar para siempre los 200s años de violencia que nos impiden vivir racionalmente. Es decir, el paz.

La próxima: “La constitución soy yo”.