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Por: Jaime Colpas Gutiérrez, profesor pensionado de Uniatlántico, cronista e historiador.

En la madrugada de hoy le escribí al amigo Felipe Elforsoli, mi diseñador de mi nueva sonrisa dental, este mensaje:

“Doctor usted vio que Argentina en la final contra el ballet español mostró su mejor versión de ser sólo un equipo lleno de testosterona, brabucon, envejecido y mesidepependiente, porque España con su táctica sincronizada, dirigido por un estratega sabio y humilde, con jugadores élites con sobrada juventud los anuló a lo largo de la contienda y su alargue de 30 minutos, ya que Argentina sólo tuvo un remate directo al arco, y su arquero atajó 20 remates a los delanteros de España, en especial un tiro directo de Yamil Yamal, un jugador promesa con astibos de la magia del gran Ronalniho Gaucho”.

Este asiduo conversador escrito por mi Whatsapp durante este pésimo mundial, contestó mí mensaje a las 8 y 40 de hoy veinte de julio, día de la instalación del nuevo Congreso y del ejército, héroes de la patria, donde me dice:

“Buenos días Jaime, España amarró a Argentina la hizo ver mal, sin ideas, desdibujada, no sabian salir con el Balón, si no es por el Dibu Martínez el marcador era para 4 a 0.
De acuerdo contigo Infantino dañó el Fútbol Espectáculo, se dedica a buscar Votos para su Reelección, es un Tipo Político y camaleónico”.

En efecto al final Messi no ganó nada, porque Mbappé se ganó el batin de Oro y el récord del mejor goleador de todos los mundiales; y además premiaron a tres jugadores de España con el mejor jugador, mejor arquero y el jugador más joven. Y cómo dijo el autor del gol del título español Fernán Torres a la televisión y redes sociales del planeta, quien se consagró como nueva leyenda de los mundiales: “Al final siempre Dios está con los mejores”.

Sin duda este equipo español fue el mejor del mundial del principio a fin, pero sin llegar a la altura y emotividad de la gesta de los ganadores del mundial de Sudáfrica en 1910, cuando Shakira cayó derretida con su héroe Gerard Piqué.

Así que se sigue la involución y retroceso de la contienda orbital que se celebra desde 1930, porque Infantino y su grupo de mafiosos y negociantes filibusteros acabaron con la estética del otrora fútbol orbital de Pelé, Garrincha, Ronaldo Nazario, Eusebio, Platini, Beckenbauer, Maradona, etc., ya que para el próximo mundial, posiblemente, serán 64 naciones y después cuando muchos estemos envejecidos o viviendo en el barrio de los acostados, según él todos los países “tendrán el derecho de ir a los mundiales sin eliminatorias”.

Porque por esta nivelación desde abajo como propuesta de Infantino que llevará a la asamblea de los países asociados de la FIFA, ‘la asistencia al mundial será un derecho que deben gozar todos los hinchas de todas las naciones’, incluyendo a los países del fútbol élite Eurocentrico y las menos desarrolladas y atrasadas futbolísticamente.

De ese modo sus torcedores y diletantes de sus clases medias, imbuidos por la falsa ilusión construida por los “analistas deportivos de las grandes cadenas de radio y televisión”, con sus millones de hinchas que viajaran, gozaran e interactuaran en las naciones exóticas sedes del campeonato, las que actúan como el hombre masa de Ortega y Gasett con el antifaz del Llanero Solitario, promoviéndose el más lucrativo negocio que enriquece a los socios de las FIFA y empresarios de aviación, hotelería, empresas globales de medios, alimentos, souvenirs y transporte que sin duda se constituye en el mayor Opio de la Humanidad, ya que dejó de ser un encuentro amistoso e integrador de las mejores naciones con gran jerarquía del fútbol mundial que sudaron y crearon las mayores gestas futbolísticas que quedaron en la memoria de sus aficionados y observadores.

Mientras tanto dentro de cuatros años cuando se realice el mundial de Paraguay, Uruguay y Argentina, dónde espero que las dos momias inmortales “Ronaldo y Messi” ya estén pensionados, no veré ese esperpento mundial de fútbol, porque me quedaré con mis recuerdos del mundial de México 1970 cuando vi a mis casi doce años desde la terraza de la casa de los Bolleri de la Cra 72 con calle 49, que tenía el primer televisor en blanco y negro en mi humilde barrio la Cueva de Montecristo las imágenes borrosa de las hazañas de Pelé, Clodoaldo, Rivelino, Tostado, Jairzinho, Carlos Alberto etc. que se consagraron como el mejor equipo de todos los mundiales dirigido por el entrenador más sabio de todos los tiempos Lobo Zágalo.

Porque ya no me interesa el mundial, debido a que el fútbol ha muerto como diversión, encuentro y espectáculo entre naciones, hinchas y familias televidentes, ya que Infantino le puso un lápida al mayor integrador de la estética y forjador de naciones desde la época del fascismo de Mussolini y el troglodita y truhan Donald Tromp.