Por: GASPAR HERNANDEZ CAAMAÑO

“El orgullo de quienes no pueden edificar es destruir”. Alejandro Dumas. _______________

El medioevo es, en la historia de la Europa mediterránea, una de las épocas más oscuras o retrogradas de la humanidad, por la ausencia de creaciones culturales e insistencia en perseguir la libertad. Es, en lenguaje parroquial, la expresión histórica de lo feudal, del predominio de los señores de la tierra. De Guerras de expansión, amén de religiosas. Donde no brilla ni se destaca el espíritu de lo humano.

Odion en el trono

Cubrió diez siglos. Pero aún existe en sociedades con desigualdades socio-económicas evidentes. Al Medioevo también se le conoce, en los libros de historia universal, como Edad Media (así con mayúsculas iniciales). Fue una época de Reyes, Monarcas, Papás de la iglesia católica y célebres personajes que la literatura y la ciencia de la historia se han dedicado a reseñar, tanto sus vidas como obras.

En el libro, hermoso libro, “Historia de la belleza”(Lumen), Umberto Eco anota que:

“La Edad Media cree firme-mente que todas las cosas en el universo tienen un significado sobrenatural, y que el mundo es como un libro escrito por la mano de Dios”(“Viva Cristo Rey”).

Enseguida agrega: 

“Todos los animales tienen un significado moral o místico, al igual que todas las piedras y todas las hierbas (y esto es lo que explican los bestiarios, los lapidarios y los herbarios (…).(de ahí que el león (“a el tigre”) a veces simbólico a Jesucristo y a veces al demonio)”(ver pág. 121).

Pero páginas atrás, Eco, semiólogo y novelista italiano, expresa: 

“Todavía hoy muchas personas que, víctimas de la imagen convencional de las “Edades Oscuras“, se imaginan la Edad Media como una época “oscura” incluso desde el punto de vista del color”(ver pág. 99). Definitivamente a Eco hay que mantenerlo de referencia epistemológica, pues fue un sabio en el mundo contemporáneo.

Ahora bien, uno de los eventos medievales más destacado en los libros de historia fueron las cruzadas, las mayorías lideradas por personajes religiosos, en búsqueda de conquista del lejano mundo o “la tierra de Dios”. Hombres con armaduras metálicas y espadas, como los soñados en su locura por Alonso Quijano o “El Caballero de la Triste Figura” o el hidalgo don quijote de la mancha, recorrieron la Europa mediterránea, el norte de África y el Medio Oriente (hoy en guerra satelital).

De esas escaramuzas bélicas provienen los condottieros, personajes a caballo que comandan grupos de mercenarios (unos de ahora están por Ucrania), alimentándose de la guerra. Podrían compararse con Rodrigo Diaz del Vivar, el célebre personaje de El Cid Campeador, cuyo Cantar es educativo, ya que gana guerra después de muerto, su cadáver cabalgando vence como un vengador protegido por las sombras de la violencia.

Para el Diccionario Panhispánico de dudas (R.A.E), espada, casi prefijo de espadachín, tiene el sentido de “matador de toros” y éste “un diestro en el manejo de la espada”. O sea, los espadachines, a no dudarlo, también fueron personajes medievales. Por lo que cuando un Ex-presidente asumió, al llevar a Palacio y exhibir en la plaza (también un rodeo), la espada del libertador, intuyendo, él, ser el heredero, nos regresaba a la Edad Media como escenario del duelo entre espadachines. Oh. Retro!.

También, la pólvora llegó a Europa en pleno desarrollo del Medioevo, por lo que puede presumirse, salvo mejor opinión, que los pistoleros, aquellos que lucen armados hasta en el cinturón, son otros personajes, genéticamente, provenientes de la oscura Edad Media. Que pena la nuestra que el sentido de la autoridad del estado…social de derecho no brille en la talla del hombre (por ejemplo, Francois Mitterand), sino en la brillantez del plomo al cinto.

Es evidente que, en los años corridos del Siglo XXI, con toda la revolución tecnológica que se ha producido, y se sigue desarrollando, Colombia como sociedad no haya votado por un presidente ilustrado. Y sigamos alimentando “Ese inventario de muertos, que es la historia de Colombia“, según sentenció una vez Gabriel García Márquez, nuestro más fiel e imaginativo historiador de la violencia medieval que, como peste, padecemos.

Qué hacer? Estoy convencido -salvo mejor criterio-, que los colombianos de todas las regiones y de todos los matices ideológicos, no hemos interiorizado el espíritu ilustrado agazado en cada principio, derechos y deberes consagrados en la Constitución Política vigente. Y esa obligación de educación ciudadana no es tarea, exclusiva, de los jueces de la República. Es tarea de todos. ¡De lo contrario, seguiremos eligiendo nuevos señores feudales! Pero, repito al igual que gabo, otra vez, cuando expresó: 

“Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra“.

 La próxima: De la calumnia todo…, pero todo queda.